Noruega, Suecia y Dinamarca low cost

Si bien nuestro destino elegido para este verano iba a ser Ecuador, el dejarlo para última hora por motivos laborales nos implicaba un sobre-coste de vuelos inasumible. Después de haber oído hablar las maravillas, rarezas y también precios desorbitados de un viaje por los países nórdicos nos propusimos conocerlos. Estos países gozan de unas de las naturalezas más salvajes y prístinas de Europa, densidades de población similares al páramo soriano y a la vez los mayores niveles económicos de vida del mundo. Pero, ¿iba a ser posible un viaje sin arruinarnos en el intento?

A continuación os detallaré cómo hicimos para hacer un viaje low-cost por Dinamarca, Suecia y Noruega por 550 euros por persona (todo incluido) durante 20 días. Pusimos en la balanza el ir en furgoneta desde casa, o ir en vuelo y alquilar un vehículo allí mismo. Al igual que ocurre en muchos países, existe una gran incoherencia de precios entre los vuelos y alquileres de coches. Vimos que alquilar un vehículo 20 días en Copenhague nos costaba solamente 200 euros (¡10 euros al día! a través de cardelmar.es con Entreprise), mientras que en Estocolmo unos 700 euros y en Oslo superaba los 1200 euros. Como el vuelo costaba prácticamente lo mismo en los tres lugares, rápidamente decidimos volar a Copenhague facturando una mochila cada uno en la que cargaríamos la tienda de campaña y sacos de dormir, hornillo, cazuelas, filtro de agua y comida para los 20 días. Nos permitimos hasta el lujo de facturar verduras de nuestra huerta, y menos mal, porque con el precio de un pepino en Noruega te da para invitar a la novia al cine y a cenar aquí. Al haber dejado para última hora la decisión del viaje, el vuelo con mochila ascendía a 170 euros por persona (mucho más alto que por lo que se puede conseguir si se hubiera cerrado antes).

Tras aterrizar en Copenhague a las 23:00 cambiamos el termostato a las temperaturas otoñales que no nos dejarán en todo el viaje. Esa misma noche cruzamos el puente-túnel de Oresund (¡con peaje de 55 euros por trayecto!), una de esas obras que da para una temporada entera de Mega Construcciones. La combinación de un túnel submarino, una isla artificial en el medio del estrecho de 16km entre Copenhague y Malmö y un puente de 8km permiten el matrimonio entre Dinamarca y Suecia. Ese día dormimos en el cómodo hotel Ford Fiesta, abatiendo los asientos y rellenando el hueco de los pies con las mochilas, una técnica depurada con mi hermano tras varios veranos con un Opel Kadett como hogar.

Al día siguiente conoceremos Jönköping, una tranquila ciudad sueca y haremos nuestra primera compra importante del viaje: una botella de gas para el hornillo para así poder cocinar (en Naturkompaniet, una cadena de tiendas de montaña que hay en varias ciudades suecas). Según nos dijeron otros viajeros, en Noruega es muy complicado conseguir gas para los hornillos aunque son productores, y es recomendable llevar un hornillo multifuel para poder usar gasolina como combustible. En Jönköping veremos por primera vez lo complicado también que es aparcar gratis en estos países, ya que la zona azul cubre el 99.9% de las ciudades. Si bien, con un poquito de ojo es posible encontrar el 0.1% restante y ahorrarse varios cientos de euros en aparcamiento a lo largo del viaje (nosotros no tuvimos que pagar por ninguno). Por ejemplo, en Suecia cerca de las estaciones de autobuses se permite el aparcamiento durante 10 minutos gratis, algo que la gente respeta y no vigilan, permitiendo alargar esos “10 minutos” hasta horas. También una buena técnica es aparcar en las mismas gasolineras dentro de las ciudades, o en general los domingos es gratuito en las ciudades (por ejemplo, en Copenhague). Siguiendo el rumbo hacia Estocolmo paramos sin saberlo en Gamla Linköping, un más que recomendable pueblo/museo al aire libre recreando la vida del SXIX en Suecia. Un montón de gente vestida de época representa oficios tradicionales: desde heladeros, hasta hiladores de cuerda, carpinteros y banqueros. La entrada es libre y merece la pena la parada. Es increíble ver cómo en el SXIX el nivel de vida sueco, incluso de la gente humilde, ya era muy superior al de mucha gente que hemos conocido en África y Latinoamérica. Su filosofía luterana: orden y culto al trabajo tienen “algo” que ver con su nivel de desarrollo. Su clima hostil y la necesidad de sentirse a gusto en casa fue el caldo de cultivo para que en Suecia naciese IKEA. Ese mismo día al medio día llegamos a Estocolmo. Suertes del destino, nos topamos con un Free City Tour en español con el que conocemos los iconos de esta capital. Los Free City Tour son visitas guiadas, generalmente por guías muy motivados por hacerte el tour lo más ameno posible, ya que viven de las propinas voluntarias. Estocolmo es una ciudad preciosa para ser recorrida a pie. Está formada por varias islas conectadas por puentes y con un casco antiguo en el que si consigues abstraerte un poco del turismo se puede disfrutar durante un buen día. El olor a barquillos recién hechos impregna las calles del Gamla Stan (el cogollo de Estocolmo). Fue allí, según nos cuenta la guía, donde se diseñó por primera vez la pintura roja que cubre la casi totalidad de las casas y granjas suecas. Allí también se encuentran varias oficinas de cambistas de moneda, ya que estos países no se han acogido al euro y todavía tienen sus respectivas coronas. Viendo las comisiones que cobran (superiores al 25%) decidimos no cambiar dinero, una buena recomendación ya que en cualquier sitio admiten tarjetas de crédito aplicando el cambio oficial. Tras rematar el día conociendo Estocolmo y viendo un parte meteorológico digno de echarse a llorar, nos comemos esas palabras que dijimos antes de salir de “dejaremos Laponia para otro viaje” y enfilamos hacia el Norte. Las carreteras suecas disponen de una magnífica red de áreas de descanso, con baños con agua caliente más limpios que los del Hilton, mesas al aire libre y una tranquilidad que las hace más cómodas que muchos campings. Otra recomendación para un viaje así es llevarse una ducha portátil (mi consejo la Portable Shower de Seatosummit de 120 gramos por unos 20 euros), ya que te permitirá duchas de agua caliente en estas áreas de servicio. Viendo lo que vale poner la tienda de campaña en algunos campings de Suecia y Noruega (desde 20 hasta 80 euros para dos personas en algunos), la ducha se amortiza desde el primer uso.

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Trollporten, Parque nacional de Skuleskogen, Suecia

Tras madrugar un poco, llegamos al parque nacional de Skuleskogen en la Costa Alta báltica. Toda esta región se está elevando después de la última glaciación de hace 9.600 años. Al liberarse el terreno de la presión que ejercía el hielo, se calcula que se ha elevado unos 290 metros y por eso hoy se pueden ver antiguas playas muy por encima del nivel del mar en este parque nacional. Dentro de las muchas posibilidades que ofrece esta costa elegimos una caminata clásica que se adentra en el Trollporten, una falla granítica bastante interesante rodeada de varios lagos preciosos. En Suecia hay más de 100.000 lagos y otros tantos ríos limpísimos, así que el conseguir agua potable con o sin filtro es muy sencillo en la naturaleza, y si no en las anteriormente alabadas áreas de descanso. Sin embargo, no encontramos ni una sola fuente pública en ningún pueblo. Nos quedamos con ganas de hacer el Höga Kusten Trail, un sendero de 110km muy famoso por esta costa, con cabañas abiertas muy acogedoras, leña cortada en el porche y barbacoas a la orilla de lagos, pero la meteo no acompañaba para este menester. Esa noche dormiremos en el faro de Pitea.

Camino de Lulea comienza el paisaje de taiga, bosque de abetos y abedules y en el suelo arándanos, que no sufrirá grandes cambios durante horas de volante. Visitamos la parte histórica de Lulea, sin más presencia que nosotros mismos. Al aparcar el coche, vemos ciertos indicios de vida humana cuando una mujer hace como que limpia una ventana para ver quiénes son los nuevos forasteros. Es curioso ver cómo en el interior de algunas ventanas ponen lámparas, seguramente para aportar algo de luz en sus numerosos días grises y de crudo invierno. Esta población será la última ciudad que se precie antes de comenzar la auténtica Laponia sueca. De vez en cuando los renos y alces deciden cruzar la carretera alterando la monotonía de un paisaje salvaje, precioso y constante. Los 15ºC del verano poco tienen que ver con las temperaturas de -30ºC que se suelen alcanzar todos los inviernos en estas latitudes. Pasamos el círculo Polar Ártico, la línea que determina a partir de dónde hay sol de medianoche, y que va cambiando en función de la inclinación de la Tierra. En Kiruna nos impresiona su mina de hierro, la mayor mina de hierro del planeta, con más de 2km de profundidad y 4km de lado. Es tan grande que ha hecho cambiar el centro de la ciudad de sitio y conforme va creciendo va desplazando los edificios de la ciudad hacia fuera. De esta mina, una Suecia “neutral” aportó gran cantidad de acero a la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Este municipio es también el segundo en el mundo por extensión (20.000km2). A partir de Kiruna, la llanísima Laponia va arrugándose en forma de montañas infinitas. Hacemos una caminata en el Parque Nacional de Abisko, donde los veranos cada vez más calurosos descongelan el permafrost (terreno permanentemente congelado). El caminar por permafrost en agosto se convierte en un “sálvese quien pueda” de embarrarse hasta la rodilla. Los árboles apenas superan los 8 metros al no poder atravesar con sus raíces el terreno todavía hoy congelado por debajo de ese barro. En este parque nacional comienza el Kungsleden, un sendero de 480km atravesando buena parte de Laponia, que por su nivel de salvajismo y aislamiento bien puede merecer una visita futura para completarlo. En Suecia y Noruega alardean mucho del Derecho de Acceso Público a sus espacios naturales (viene indicado en todas sus áreas de servicio), por el cual cualquier persona puede acceder libremente al campo, coger frutos silvestres y acampar (siempre y cuando no sea delante de la casa de alguien). Por cierto, esto se puede hacer en nuestros preciosos Pirineos sin tantísimo alarde y creo que no lo valoramos en su correcta medida.

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Parque Nacional de Abisko, Suecia

De allí, nuestro plan es entrar por tierra y puentes a las Islas Lofoten en Noruega. Desde pequeño había oído hablar a mis padres de su Interrail en el que llegaron a Cabo Norte y a las Lofoten, y desde entonces las había mirado en el mapa más de una vez. Estas islas son una maravilla paisajística y creo que es una buena opción visitarlas antes que los fiordos del sur de Noruega, para que así el nivel de espectacularidad vaya siempre hacia arriba. El mar se adentra tierra adentro de estas islas en forma de fiordos, rodeados de acantilados de hasta 800metros de granito y salpicados de pueblos de pescadores de bacalao. De vez en cuando, alguna playa de arena blanca y aguas turquesas salpica esta costa tan abrupta. En Lofoten dedicamos un par de días para caminar, destacando dos rutas muy interesantes. La primera, desde Stamsund una circular para subir el pico Steintinden (con lluvia puede resultar un poco expuesta en algunos tramos de la cresta). La segunda ruta la hacemos desde la fabulosa playa de Haukland (con zona de acampada gratuita), ascendiendo al pico Himmeltinde (946m). Para reponer fuerzas acampamos y preparamos una barbacoa a base de salchichón riojano en la playa de Rorvikstranda.

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Islas Lofoten, Noruega

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Vistas desde el pico Steintinden, Islas Lofoten

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Subida al pico Himmeltinde desde Haukland, Islas Lofoten

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En la playa de Rorvikstranda, Islas Lofoten

Como la meteo parecía que no nos iba a mostrar el sol en los días siguientes, decidimos probar algo más de suerte en los Fiordos noruegos del Sur. Esta vez recorremos la ruta 45, que atraviesa la Laponia sueca, en lugar de recorrer la carretera de la costa noruega (con infinidad de entrantes y salientes). Durante las muchas horas de volante en Laponia nos entretiene pensar qué cocinaremos para la cena, e incluso probamos el límite de la paciencia de los suecos, ya que a muchos de ellos no les gusta adelantar en la carretera. A lo largo de rectas infinitas con buena visibilidad son capaces de aguantar el ir a 60km/h por no tener que adelantar… Tras una parada para recuperar fuerzas en Ostersund, tomamos el desvío hacia Trondheim, a donde llegaremos el día siguiente. Trondheim tiene un bonito casco histórico levantado sobre un fiordo poco escarpado. Recorriendo sus tranquilas calles sin apenas gente, no podemos evitar pensar en cómo estaría en ese momento cualquier lugar de la costa española. Tras ver Trondheim, nuestra siguiente prioridad aunque pueda parecer una tontería es darnos una ducha. El área de descanso Oppdalsporten KRO Butik Mottel ofrece ducha caliente gratuita entrando por la puerta de atrás, algo que nos deja atónitos. Duchados y comidos conocemos Lom, donde merece la pena visitar su iglesia de madera de estilo noruego y el centro de información, para recabar todos los detalles para conocer los fiordos. Con las últimas luces del día visitaremos la iglesia de Urnes, a orillas del Lustrafjorden (fiordo), donde dormiremos.

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Trondheim, Noruega

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Iglesia de Urnes, fiordo de Lustrafjorden

La mañana siguiente visitamos la cascada de Feigumfossen y después continuamos para conocer el glaciar de Nigardsbreen, dentro del Parque Nacional de Jostedalsbreen. El mismo glaciar tiene varias lenguas que forman distintos valles. Ese día nos da tiempo de ver dos de sus lenguas: la primera desde Gjerde siguiendo la Fv335 y luego caminando una hora hasta la base y la segunda lengua, desde el centro de información de Breheimsenteret (dejando el coche allí y caminando por la carretera 3km te ahorras 50 euros de aparcamiento). Ambas lenguas glaciares son impresionantes, si bien a la primera no va casi nadie y la segunda es muy concurrida.  Al igual que está ocurriendo en casi todos los glaciares del mundo, el retroceso de los mismos es imparable y al ritmo que van en menos de una década apenas quedarán cubitos para un refresco. Por la tarde hacemos nuestro “crucero” por los fiordos noruegos, el ferry en el fiordo entre Kaupanger y Laerdal (10 euros incluyendo el coche). Durante este crucero el sol del atardecer tiñe el granito de los acantilados y entre onza y onza de chocolate nos besamos. En Laerdal preparamos pasta con tomate y atún para cenar y paseamos por sus calles antes de dormir. Es sábado por la noche y los únicos pobladores de la calle son los coches de lujo de sus habitantes (Lamborghinis a pares). Con una economía basada en sus recursos naturales (petróleo y gas, agua y minas), su población de 5 millones de personas disfruta de una de las mayores rentas per capita del mundo (71.000 dólares/año). Observando su forma de vida, creo que quizá fue en Noruega donde nació el dicho de el dinero no da la felicidad.

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De camino a la cascada de Feigumfossen, Skoljen, Noruega

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En el fiordo de Lustrafjorden

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Glaciar de Nigardsbreen, Noruega

El día siguiente cruzamos el túnel de Laerdal de 24.5km (el más largo del mundo), que conecta esta ciudad con Flam. Este túnel incluso dispone de áreas de descanso en su interior para personas claustrofóbicas. Desde Flam mucha gente decide hacer cruceros de unas horas por el fiordo Aurlandsfjorden. Viendo los barcos gigantes llenos de asiáticos comprando cualquier cosa cosa con etiqueta y en base a nuestro presupuesto nos conformamos con las maravillosas vistas del mismo fiordo desde el puerto de carretera de Stegastein y desde el pueblo de Undredal. Continuamos recorriendo fiordos y más fiordos preciosos hasta llegar a Tyssedal. Desde este pueblo comienza el sendero al Trolltunga, uno de los escenarios más fotogénicos de Noruega, en total unos 22km ida y vuelta desde el aparcamiento de arriba del Trolltunga (Skjeggedal). Para evitar aglomeraciones, decidimos hacer la subida ese día por la tarde y acampar en las cercanías del Trolltunga. Así, a primera hora conseguimos estar “solo” una veintena de personas en esta mítica piedra, frente a los cientos o miles que habría al medio día. Viendo los precios de los aparcamientos para dejar el coche (más de 50 euros por un día) en Skjeggedal, decidimos subir con el coche hasta dicho aparcamiento, a unos 7km del pueblo y dejar escondida detrás de unos árboles la mochila con la tienda, comida y sacos. Posteriormente, bajamos hasta el pueblo de abajo donde aparcamos libremente, y el primer coche al que levantamos el pulgar nos sube derechos hasta nuestra mochila. Nos sorprende mucho la belleza del lugar, pero sobre todo la cantidad de gente que se han recorrido medio mundo para sacarse una foto en esta piedra. Desde el Trolltunga, caminando solo 1.5km más se puede llegar al Preikestolen, otro lugar muy fotogénico pero nada frecuentado al que vamos con Jaime y Carmen, una pareja madrileña muy simpática que acabamos de conocer. Con ellos pasaremos el resto de día hablando de lo que hablamos los que nos gustan los viajes,  y nos harán el gran favor de bajarnos al coche.

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Fiordo de Flam

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De camino al Trolltunga, Tyssedal, Noruega

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Trolltunga, Noruega

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Vistas desde el Preikestolen de Tyssedal, Noruega

El día siguiente nuestro objetivo es hacer la ruta al Kjerag en Lyseboth, pero la meteo no perdona y nos damos una buena sesión de lectura en el coche mientras afuera diluvia. Afortunadamente, al día siguiente sale el sol y podemos ver esta otra roca famosa e igualmente impresionante sobre el fiordo Lysefjord. Continuamos la ruta hacia Oslo y celebramos esos días por los fiordos preparando una barbacoa a la orilla de un lago (la cadena de supermercados Kiwi es la menos cara de las opciones para comprar comida en Noruega). Pasamos de lado Oslo, ya que preferimos conocer Gotemburgo en Suecia. Esa noche nos daremos un pequeño capricho a modo de un camping en Asa (20 euros para dos personas), en el que nos daremos una más que merecida ducha. Gotemburgo nos sorprende gratamente por el bullicio, quizá acentuado porque coincide que hay un festival de comida internacional en sus calles.

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Kjerag, Noruega

De Gotemburgo continuamos hacia el sur hasta la reserva natural de Kullabergs donde haremos una ruta por su escarpada costa, con barbacoa y acampada en un hayedo incluida. Dejaremos para los últimos días el conocer Malmö y Copenhague, esta última ciudad nos sorprende muy gratamente y es un gran colofón para este largo e intenso viaje por Suecia, Noruega y Dinamarca.

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Copenhague, ¡fin del viaje!

2 comentarios en “Noruega, Suecia y Dinamarca low cost

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