Panamá, paraíso no solo fiscal

Será hace cinco veranos, mientras conducía de vuelta tras una tarde de escalada en la Sierra de Cantabria, que vi unas fotografías de refilón en la cámara de mi amigo Jonny. Si bien las curvas de la carretera me impidieron recrearme en detalles, esas islas de arena blanca, aguas turquesas y cocoteros me iluminaron la vista. Dónde es, pregunté.

La ciudad de Panamá no deja indiferente al visitante: es una mezcla de culturas y gentes, de rascacielos y antros, de restaurantes de comida rápida y de mercados que bullen, de tacones caros y sandalias polvorientas, de calor húmedo y de aires acondicionados. Quizá, la mayor atracción turística de la ciudad es el célebre canal de Panamá, una obra de ingeniería sin precedentes, conectando dos océanos y evitando miles de kilómetros y los riesgos de atravesar el cabo de Hornos. Si bien la idea de su construcción fue propuesta por Carlos I en 1524 para facilitar el tránsito de mercancías (principalmente el oro y plata del vecino Perú), no fue proyectada y ejecutada hasta finales del siglo XIX por el gobierno francés. Este proyecto fracasó y tras la independencia de Panamá de Colombia en 1903, apoyada por los EEUU, se firmó con este país el Tratado Hay-Bunau Varilla, que permitió la inauguración del canal en 1914, tras haber dejado la vida en su construcción unas 25.000 personas. En 1999, finalmente, Panamá recuperó la soberanía del canal, hasta entonces en manos de EEUU. En este año 2014 se espera la finalización de las obras de ampliación del canal, que permitirá el tránsito de mayores buques. En la actualidad, los chinos están en negociaciones con el gobierno de Nicaragua para construir un nuevo canal en ese país, siguiendo la misma política que siguió EEUU. Los ingresos del canal, entre 50.000-200.000 dólares por barco dependiendo de su tamaño, y la gran cantidad de bancos que faenan en este paraíso fiscal suponen una entrada de divisas que han permitido un crecimiento del país por encima del 10% estos últimos años. Un poco cansado de los grandes números, decido pasarme por el mercado del marisco del Casco Antiguo y ver descargar la economía real, la cual no me resisto a probar. El pargo rojo o la corvina frita acompañados de ceviche (pescado crudo marinado con lima y cebolla) de pulpo o camarón y varias cervezas frescas marca Balboa son una buena alternativa.

canal

compuertas de Miraflores, canal interoceánico de Panamá

dándome un buen homenaje en el Mercado del Marisco de Panama City

Al día siguiente pondré rumbo a la región de los Kuna Yala, al noreste de la capital, para conocer el archipiélago de islas de San Blas y comprobar si esas fotografías que vi hace tanto tiempo hacían honor a la realidad. La comunidad Kuna Yala se rige por un conjuntos de normas-leyes diferentes a las del país, incluso tienen su propia prisión en una isla apartada, y siguen viviendo de forma tradicional de la pesca de peces y ahora también del turista. Especialmente, sus mujeres lucen orgullosas sus coloridos vestidos, su pañuelo rojo en la cabeza y sus abalorios que cubren brazos y piernas. El archipiélago de San Blas está formado por unas 365 islas de origen coralino, algunas del tamaño de un pista de tenis, y anteriormente pobladas de manglares. Durante el siglo XX, la comunidad Kuna Yala, que tradicionalmente vivía en el continente, sustituyó los manglares por palmeras y convirtió a estas islas en un auténtico paraíso de arenas blancas. Tomé la isla del Diablo como campamento base, llamada así por los ruidos que salían de uno de sus árboles por la noche. Dicho árbol fue secado supuestamente mediante conjuros y ahora los únicos ruidos diferentes a las olas y a las palmeras meciéndose son las lanchas con fuerabordas, que ocasionalmente transportan la cocaína desde la cercana Colombia rumbo norte. De hecho, Damián- nieto de ese señor que secó el árbol, me confesó entre risas que la lotería Kuna Yala es levantarse por la mañana con varios fardos de cocaína en la playa, traídos por las corrientes. Con Damián estuve pescando y me llevó a un barco hundido en una isla cercana, a la que llegamos nadando y en la que los corales y peces convirtieron al pecio en algo lleno de vida. En estas islas pasé muy buenos momentos con diferentes viajeros como Elena de Madrid, Iván de México-dando la vuelta al mundo en moto, o Elisabeth-poeta de Utah buscando inspiración, alejados de las facilidades de la vida moderna y que cambiamos por subir palmeras, comer cocos y pescado y ver las estrellas tumbados en hamacas. Con cara de tristeza y tras decir que no a una oferta de los Kuna Yala para quedarme en la isla de traductor de inglés a español, puse rumbo a Boquete.

sanblas

una de tantas islas preciosas en el archipiélago de San Blas o Kuna Yala

playa de anuncio de crema solar, isla del Diablo, archipiélago de San Blas

con la madre y abuela de Damián, con los trajes que visten los Kuna Yala

Este pueblo está bajo las faldas del techo de Panamá, el volcán Barú de 3474m, ya cercano a la frontera con Costa Rica. El primer día en Boquete recorro el sendero del Queztal, de unos 20km en puro bosque tropical y probablemente una de las caminatas más bonitas de Centro América. El Queztal no se dejó ver tan fácilmente como hace dos años en el bosque húmedo de Monteverde en Costa Rica. Para terminar el día, aprovecho a darme un chapuzón como me trajeron al mundo, en las cercanas “cascadas perdidas”, chapuzón que se vio interrumpido por las carcajadas de un grupo de chicas al verme. El día siguiente lo tomo de reposo activo, escalando en los Canjilones de Gualaca, una fractura en roca volcánica sobre la que transcurre un río que sirve de colchoneta para escalar sus paredes. La vuelta a Boquete la hago en autostop con un par de mujeres de EEUU, que se han jubilado en este pueblo. Como las rocas de los Canjilones apenas superaban los 4 metros de altura, esa misma noche decido subir algo más alto, como es el volcán Barú, y así ver amanecer desde la cumbre. Acompañado de un grupo de viajeros, principalmente alemanes, comenzamos a subir los casi 1800m de desnivel positivo y 14km a las 11:30 de la noche. Me apetece subir solo y probar mi pierna- que el verano pasado rompí, así que subo el ritmo y hago la ascensión solo. Apago la luz del frontal de vez en cuando para ver mejor las estrellas, que me acompañarán hasta la cumbre. Me sorprendo mucho al completar la ascensión en poco más de 3 horas. Al ver amanecer desde la cumbre solo, creo que se me mete algo de polvo en los ojos y suelto una lágrima… La vuelta a Boquete es una sorpresa, al coincidir con algunos viajeros que conocí en las islas de San Blas. Cuando regresan los compañeros del volcán, todos juntos nos damos un buen homenaje comiendo y relajando los músculos en el jacuzzi del albergue y con varias cervezas. Pronto entablo relación con Jordi, de Barcelona, compañero de viaje durante los próximos días.

Psicobloc en los Canjilones de Gualaca

Techo de Panamá, volcán Barú (3474m)

Al día siguiente, el Sr. Bel, un descendiente de un emigrante de Teruel que vino a Panamá a trabajar en las obras del canal a principios del siglo XX, accede a enseñarnos a Jordi y a mi su plantación de café. En la misma viven y trabajan varias familias cosechando distintas variedades de café: caturra, arábica, pacamara y catuai, cobrando 3 dólares por caldero de unos 10 kilos. A lo largo de largas jornadas seleccionando solo aquellos granos que estén rojos, una persona preferiblemente con las manos pequeñas- como los niños y mujeres, puede recoger unos 5 calderos por día. La diferencia de dinero entre lo que esta gente cobra y lo que luego vale un café, incluso en el mismo pueblo, es algo que da dolor de corazón.

frutos maduros del café, qué buenos momentos nos hacen pasar

Aprovecho la oferta del escalador local y pionero de la escalada en Panamá, César Augusto y le acompaño a guiar clientes que quieren escalar. Es impresionante la fuerza y el coraje que este chico tiene, al haber rescatado del bosque tropical paredes enteras a base de machete y potenciar entre los colegios y vecinos la escalada. Cuando lo ves escalar hasta séptimo grado sin cuerda, o haciendo la bandera a 15 metros del suelo también sin cuerda, me pregunto si el café de allí solo tiene cafeína. Unos periodistas nos hacen a él, con bastantes más razones que a mí, una entrevista en esas paredes de la que esquivo como puedo la pregunta de por qué escalamos…

de guía de escalada con César Augusto (izquierda) en Boquete

La siguiente parada del viaje es el archipiélago de Bocas del Toro, más turístico que San Blas y con más vida caribeña rastafari. Recorro en bicicleta la isla por caminos llenos de socavones entre el bosque tropical y me doy algún chapuzón en playas salvajes.

una de tantas playas paradisiacas en el archipiélago de Bocas del Toro

Siguiendo el consejo de varios viajeros hago un tour de “snorkel” y avistamiento de delfines. En la bahía de los Delfines, se reúnen cada años varios cientos de ellos a descansar y procrear. Afortunadamente, es temporada y vemos más de 40 de ellos que se acercan a jugar cerca del barco. El “snorkel” de después es impresionante, buceando en un jardín de corales con muchísimos peces de colores. En búsqueda de conocer más el mundo submarino decido viajar a la lejana isla de Coiba, a más de doce horas de allí y en aguas del Pacífico. Esta isla, antigua prisión en tiempos del dictador Manuel Noriega y en activo hasta 2003, ahora es un destino internacional para los amantes del buceo. Tengo la suerte de bucear muy cerca de cinco tiburones de punta blanca, tres tortugas carey, bancos de cientos de atunes y barracudas, morenas, peces globo, rayas,…, un gran colofón al viaje. Después de ver tanto pescado y tan bonito, mejor cenar carne asada a ritmo de cumbia, tango y merengue y con esta música tan alegre, ir pensando en el siguiente viaje…

San Diego, a 7 de abril de 2014

2 comentarios en “Panamá, paraíso no solo fiscal

  1. Desde luego Fernando ,igual de bien te lo pasas,sea con tu compinche Javier como solo,porque se ve que tienes un don de gentes, pues por todos los sitios encuentras amigos
    Las playas,parecen sitios de relajación ,las plantas del café,sí las he visto..En la recogida , se ponían un morral pequeño sujeto al cuello y recogían los granos maduros, que a su vez nos mostraban los dos granos de los que estaban compuestos ,Pero eso sí no tuve que ir a Panamá. ¡Hasta la próxima !

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