Rumanía, del gris a los colores

El siglo XX fue el de los grandes inventos, el siglo de la energía barata que nos permitió una aceleración de todas las actividades que veníamos desarrollando hasta entonces a puro sudor y lágrimas. Los nuevos medios de transporte y de comunicación hacían más pequeño nuestro mundo y podíamos conocer mejor a nuestros vecinos, a los que despachamos a base de guerras civiles y mundiales. Se inventaron las vacunas, los antibióticos e incluso el chupachups, que nos permitía comer un caramelo y al mismo tiempo mantener una conversación sin parecer del bajo Aragón al hablar, ya que podíamos sujetar el caramelo con la mano y lo que es más importante, dar más valor a nuestro discurso al agitarlo. Sin embargo, uno de los motivos principales para recordar dicho siglo fue el de los experimentos políticos. Pasamos de las monarquías y repúblicas, al fascismo, comunismo y al capitalismo, este último entendido no solo como sistema económico sino como el gobierno de las grandes corporaciones sobre la población. El fascismo no tardó en fracasar en la mayor parte de países, no sin antes llevarse millones de vidas. Los países con regímenes comunistas tampoco fueron ningún ejemplo de éxito y su población en gran medida vivió del mismo color que sus mamotréticas edificaciones: el gris. Había oído hablar de la Rumanía comunista a mi padre, que fue en 1990 por allí, un año después de que el dictador comunista Nicolae Ceausescu fuese ejecutado junto con su mujer. Su legado (1967-1989) fue el de dejar el país con un nivel de pobreza entre la población extremo y al mismo tiempo con grandísimas y a la vez inútiles edificaciones grises para él y su grupillo. También había oído hablar a rumanos que trabajaban en la huerta de al lado de la nuestra, que a pesar de tener carreras universitarias tenían que hacer maletas, para en muchos casos ser ninguneados dentro de un invernadero. Con esta impresión del país, nos sorprendió mucho a mi hermano Javier y a mí que se organizase el Congreso Internacional de Energías Renovables en Bucarest. Fue entonces cuando decidimos aprovechar la excusa de presentar nuestros últimos trabajos en energía solar para conocer el país.

El inicio del viaje estuvo marcado por una huelga de maleteros de Ryanair en la que no se permitía equipaje que no fuese de mano. Por lo tanto, esta vez, nuestro petate para diez días se limitaba a una mochila del tamaño de un neceser. Nuestros planes de conocer las paredes de los Cárpatos estuvieron en juego el tiempo que duró el que mis padres tardaron en decirme que pasarían por Madrid y que nos podrían llevar al aeropuerto. Una bombilla se nos iluminó. Intentaríamos pasar los controles de la policía del aeropuerto con 120m de cuerda y el equipo completo de escalada clásica (juego de friends, microfriends, fisureros, mosquetones…) y en caso de no poder pasar se lo dejaríamos a mis padres. Además, llevaríamos la ropa adecuada para un congreso de estas características. -Javier, si cuela tocará escalar elegantes,- dije. Mis padres se quedaron mirándonos al inicio de los controles como si nos fuésemos a la emigración. Nos armamos de valor y pasamos con naturalidad hasta que escuchamos un “joder, ¿qué es esto?”. Separaron nuestras mochilas y empezaron a sacar los hierros y la cuerda, que parecía una tenia vista por rayos X. No sé si fue su cara o fue la nuestra la que mostró más sorpresa. Dijimos con normalidad que íbamos a Rumanía a escalar en los Cárpatos. Él nos dijo que tenía que llamar a la Guardia Civil. Con un gesto levantó la mano y los guardias se acercaron hasta una distancia de unos diez metros y explicó lo sucedido. Eran las cuatro de la tarde, hora de la siesta. Los guardias dijeron algo así: “Paco, para estas cosas no nos molestéis. Déjales pasar con todo”.

El vuelo de Ryanair de casi cuatro horas a Rumanía es lo más parecido a un colectivo centroamericano en Europa, por su bajo precio (unos 70 euros ida y vuelta) y por la convivencia entre los pasajeros (prietos como granos de garnacha). Bien de noche llegamos a nuestro hotel, cerca del Intercontinental pero no precisamente en él. Una buena costumbre en grandes ciudades es buscar hoteles baratos cerca del Intercontinental, asegurándote zonas en general tranquilas. Nuestra habitación parece una pieza del Tetris, ya que para ver la televisión hace falta salirse al pasillo o al patio de vecinos. Sin embargo, esto no será ningún problema ya que daremos poco uso a la misma y podremos dormir por unos diez euros la noche. Cenamos börek, una especie de empanada de queso. Esta fue nuestra dieta de otros viajes en los Balcanes. A la mañana siguiente hablamos de cómo organizarnos, ya que disponemos de dos días antes de ir a las sesiones que nos interesan del congreso. Tras intentar hablar con el recepcionista de nuestro hotel, que parecía que todavía no se hubiese enterado de la muerte de Ceausescu y de no aclararnos mucho, decidimos ir a la estación de trenes. En una hora sale el último tren hacia los Cárpatos y estamos a veinte minutos del hotel, donde están las mochilas de escalada. Tras mirarnos el uno al otro saco la cartera y compramos dos billetes de ida. Tenemos que volver a por las mochilas y comprar comida para los dos días y todo esto muy rápido. Finalmente cogemos el tren por un minuto y nos relajamos viendo la llanura rumana con sus cultivos, principalmente de cereales. Tras unas dos horas, el paisaje cambia y las montañas se levantan proyectadas hacia el cielo tapizadas de hayedos imponentes. Pararemos en Busteni, en el cogollo de los Cárpatos sin más información que un croquis de escalada sacado de internet. Saliendo de la estación distinguimos las paredes del Valea Alba, en pleno parque nacional de Bucegi. Entramos en la casa de la montaña de Busteni y preguntamos a la policía de montaña cómo llegar a la pared a lo que responden que el refugio de Costila, antes lugar de partida para escalar, está cerrado y abandonado. Iniciamos el ascenso por un bosque de hayas con muchas marcas de distintos colores en la corteza. No sabemos a dónde llevan y no hay gente, así que usamos el olfato de años haciendo el jabalí en la Sierra de Cantabria para ver si tenemos suerte. Tras una hora larga caminando con un calor húmedo propio de país bananero, nos damos cuenta de que estamos yendo en sentido contrario al que queremos y por suerte del destino nos encontramos con tres personas que hablan inglés y que han escalado allí. Nos dicen que les sigamos (retroceder nuestros pasos), e incluso uno de ellos cargado con su hijo a la espalda nos acompaña cuesta arriba hasta un punto en el que no hay pérdida. Llegando al refugio nos encontramos a un grupo de montañeros, cuya primera pregunta es si tenemos seguro de montaña, -los accidentes en Rumanía valen mucho dinero,- dicen.

atardecer en el Valea Alba, Busteni, parque nacional de Bucegi

atardecer en el Valea Alba, Busteni, parque nacional de Bucegi

En el refugio de Costila, que ni está cerrado ni abandonado, nos encontramos con otros escaladores, los cuales nos desuaden de hacer la vía que teníamos pensado y la única de la que tenemos croquis. Dicen que es muy complicada, expuesta y en un conglomerado que es mejor haber escalado mucho antes. Uno de ellos, Cornel, es guía de montaña y nos escribe su teléfono en un papel y dice haberla escalado un par de veces y de haber sudado vinagre las dos veces. Para despedirnos nos dicen que acaban de ver un oso y que no nos preocupemos, que en el 99% de las veces no atacan. Ni Javier ni yo preguntamos que ocurre en el 1% restante. Optamos por dormir en una cueva cerca del inicio de la vía en lugar del refugio, así le quitamos una hora de aproximación al día siguiente. En total, han sido más de tres horas de subida soportando el calor y la guerra psicológica de los locales. La cueva apenas mide 1.7 metros de alto y 4 de ancho. Cenamos queso como primer y segundo plato y nos acostamos en nuestros sacos sobre unas bolsas de plástico a modo de esterilla para protegernos del barro del suelo. Las vistas no pueden ser mejores en un atardecer con tonos anaranjados sobre los neveros que todavía aguantan del invierno. Esa noche la pasamos, que no dormimos, levantándonos cada poco rato. La imaginación trabaja de noche y pensamos en la reacción del oso que va a dormir a su cueva en la que hay dos forasteros. Así que con la primera luz del alba levantamos el chiringuito y empezamos la “Just another fucking day” de 640m en conglomerado gris muy fino. Los largos de 50 metros se suceden usando como mucho cuatro seguros y prestando muchísima atención a no irnos con ningún agarre. El día es espectacular, soleado pero con brisa, así que no pasamos mucho calor. Solo llevamos un litro y medio de agua para los dos y un par de barritas: compartir es vivir. La vía guarda algún secreto en forma de largos de 6c/7a en el que las chapas hay que buscarlas con geo-radar y tener algo de intuición para no darse un buen vuelo. Tras ocho horas cuarenta minutos de escalada acabamos la ruta con una deshidratación monstruosa. La bajada es muy aérea y está prácticamente equipada con una cadena para asegurarse. Tras unas cuantas horas estamos abajo refrescándonos con las excelentes cervezas rumanas. Compramos un pollo asado y subimos al tren. Entramos en trance en dicho tren, no se si será el no haber dormido o la deshidratación, que llegamos dormidos a Bucarest.

Cueva de vivac, recomendable para escalar en Valea Alba, las vías empiezan a 10 minutos de aquí

Cueva de vivac, recomendable para escalar en Valea Alba, las vías empiezan a 10 minutos de aquí

Pared principal de Valea Alba, también conocida por el nombre del refugio (Costila)

Pared principal de Valea Alba, también conocida por el nombre del refugio (Costila)

En la

En la “Just another fucking day”. Roca de conglomerado de calidad con muchos agujeros

Croquis

Croquis “orientativo” de la vía en la escala de Europa del Este con la exposición en grado rumano (6a). No sabes muy bien qué escalas pero viene bien ir rodado en el 7a para no pasar miedo

Las sesiones del congreso se suceden con algunas muy interesantes como el trabajo de un suizo que analiza la relación entre el cambio climático y el aumento y reducción de la radiación solar. Por la tarde, la sesión es en la academia de las ciencias de Rumanía, un edificio muy sobredimensionado para su escaso uso. Esa misma tarde visitamos lo principal de Bucarest: el Parlamento, considerado el segundo edificio más grande del mundo después del Pentágono, y la plaza Unirii.

la foto 2

Edificio del Parlamento de Rumanía, segundo mayor edificio del mundo tras el Pentágono

la foto 1

Javier en la Academia de las Ciencias de Rumanía, lugar donde se celebró una sesión del congreso de energías renovables

Para reponernos del día anterior nos compramos cuatro piezas tremendas de Börek cada uno y nos tomamos una cerveza en una terraza con muchos jóvenes. En un rato hemos quedado con Cornel, el guía con el que coincidimos unos minutos en el refugio. También vendrá su mujer Anna Maria y un amigo, Paulescu, este último vivió en Madrid más de diez años cuando sus padres emigraron a buscar trabajo. Nos preguntan si hemos cenado sin dejarnos tiempo a responder y nos dicen que nos van a llevar al sitio más típico de Bucarest, un restaurante de más de cien años. Javier y yo nos miramos y sonreímos: nos tocará recenar. Comemos carne asada y cerveza hecha en el mismo restaurante, que sirven camareras vestidas con trajes típicos. Hablamos de la escalada en Rumanía y de cómo hay dos grupos: unos abogan porque no se dé a conocer fuera de sus fronteras y así preservarla y otros por todo lo contrario. Nos enseñan aquellos rincones más coquetos de la ciudad y nos explican su visión del cambio del comunismo al capitalismo. -Al principio comprábamos cualquier cosa puesto que estuvimos privados de casi todo consumo,- decían. -Por otra parte el país ha mejorado muchísimo y la gente en general vive mucho mejor que antes,- argumentó Paulescu. -Sin embargo, nuestro optimismo de entrar en la Unión Europea se ha visto truncado por tantos casos de corrupción en el gobierno,- dijo Cornel con su voz potente. – La corrupción no entiende de fronteras,- dijo Javier y todos nos reímos al unísono. Al día siguiente presentamos sendos trabajos de investigación en el congreso y tuvimos la cena de gala en el hotel Intercontinental, muy “similar” a la de la cueva de hacía unos días.

La próxima mañana alquilamos un coche para conocer algunas de las joyas de Transilvania. Empezamos por el parque nacional de Piatra Craiului, donde damos un paseo por un valle de bosque caducifolio muy denso. Esa tarde veremos el castillo de Bran, comúnmente conocido por ser el castillo del Conde Drácula. Posteriormente conduciremos hasta Brasov, ciudad amurallada que merece la pena ser paseada. Sus edificios lucen los colores de otra época. Paseando por sus calles se puede ver la nueva Rumanía, una que dista mucho de la imagen que muchos teníamos antes de visitarla, joven y dinámica. Esa noche dormiremos en Zarnesti (de nuevo dentro del parque de Piatra Craiului), ya que escuchamos que era una zona típica entre los locales para practicar escalada deportiva. Conduciendo en la carretera hay muchos vendedores de productos típicos como miel, quesos ahumados y ‘fumatis’, un tipo de salchichón ahumado. Compraremos de todo esto para los próximos días. Esa noche dormiremos en el coche custodiando la comida de los osos…

Castillo de Bran, conocido por ser el del Conde Drácula

Castillo de Bran, conocido por ser el del Conde Drácula

Brasov, ciudad amurallada en el corazón de Transilvania

Brasov, ciudad amurallada en el corazón de Transilvania

La caliza de Europa del Este no es lo que aquí entendemos como adherente y varias vías, en teoría de grado asequible, nos ponen en nuestro sitio. El no conocer los mejores sectores, ni vías, hacen que la excusa de ver nubes negras en el cielo amenazando tormenta nos hagan salir del lugar para recorrer esa tarde la carretera Transfagarasan. Probablemente sea una de las carreteras más inútiles del mundo al estar abierta solo dos meses al año. Sin embargo, como muchas cosas inútiles, es muy bella. Fue construida en tiempos de la dictadura comunista y esculpida en las laderas de los Cárpatos como si de una pista de esquí se tratase, para el deleite de los que la conducen. Acaba en un par de lagos glaciares donde atraviesa la montaña por un túnel. Damos un paseo para subir un piquito de roca rodeados de picos, que bien merecerán una segunda visita a este país.

Recorrido de la Transfagarasan, deleite de la conducción

Recorrido de la Transfagarasan, deleite de la conducción

Javier coronando la Transfagarasan

Javier coronando la Transfagarasan

Uno de tantos picos preciosos de los Cárpatos

Uno de tantos picos preciosos de los Cárpatos

El día siguiente quedamos de nuevo con nuestros amigos Cornel, Anna Maria y Serban, los cuáles nos enseñarán las buenas vías de Zarnesti y la buena comida también de esta zona de Rumanía. Nos pondrán los dientes largos con la cara norte de la sierra de Piatra Craiului, con aproximaciones muy largas, rutas largas y descensos complicados, mientras cenamos en una casa de campo preciosa. El día siguiente escalaremos en Rasnov en un sector recién equipado de caliza algo más adherente que la de Zarnesti. Mientras, pensamos que en apenas unas horas tendremos que coger el avión de vuelta a Madrid.

Deportiva en Zarnesti. Se lleva escalando varias décadas en esta zona y por lo general las vías están muy pulidas

Deportiva en Zarnesti. Se lleva escalando varias décadas en esta zona y por lo general las vías están muy pulidas

En otro sector de Zarnesti donde predominan las vías de placa

En otro sector de Zarnesti donde predominan las vías de placa

Rumanía es un país que nos ha sorprendido muy gratamente y que claramente tiene una fama inmerecida. Como dicen allí: “la mala gente ya salió del país”. ¡Merece la pena conocerlo! Logroño, a 7 de agosto de 2015

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s