Isla de La Reunión

¿La Reunión? – Sí, una provincia tan francesa como Normandía. – Déjeme que lo consulte. Así comenzó la tramitación del Erasmus+ para realizar una estancia de investigación con el grupo de energía solar de la Universidad de La Reunión. Una de las fronteras de la Unión Europea, quizá la más alejada del continente europeo. La isla de La Reunión se encuentra en el océano Índico, a unos 1.000 km al este de Madagascar. Los vientos y corrientes contrarios y el escaso desarrollo de la flota malgache hacen que pese a la relativa cercanía, aquí solo se llegue por avión, con la cartera bien inflada y principalmente desde París. Su clima tropical hace que casi siempre sea un buen momento para visitarla, aunque en los meses de enero y febrero (cuando vamos) los periodos de buen tiempo se sucederán entre ciclón y ciclón. A cambio, las cascadas por las que es famosa esta isla estarán en su esplendor.

Aterrizamos en Saint Denis, la ciudad colonial por excelencia de la isla. Recogemos nuestro diminuto coche de alquiler y descubrimos que el roaming con nuestras compañías telefónicas aquí es inexistente. Recuerdo con cariño lo de “es una provincia tan francesa como Normandía”. – Nos tocará la pesca de wifis abiertas, como tantas otras veces. Así logramos quedar a comer con Mathieu, el jefe del potente grupo de investigación de 80 personas que estudian la energía solar en ambientes tropicales. Ha vivido en Gijón y en un perfecto español -qué raro viniendo de un francés- nos pondrá en conocimiento de la abundancia de tiburones en la isla: de hecho, fue el lugar del mundo con más ataques de escualos hasta que se prohibió el baño en toda Reunión por este motivo. Con la misma sonrisa del que habla de una pared de escalada sin abrir, nos confiesa que él surfea a diario, solo cuando el agua no está turbia para evitar confusiones y si hay también algún otro colega en el agua para reducir las posibilidades.  Sin tanta sonrisa nos confiesa que perdió a algún amigo muy cercano atacado por estos peces y que él también tuvo un susto. Cuando nos tomamos el postre nos dice que somos afortunados de llegar cuatro días después del paso del último ciclón, que dejó precipitaciones de mil cuatrocientos litros por metro cuadrado, sí, casi lo que cae en tres años en muchos puntos de España. La isla es claramente muy salvaje y solo llevamos unas horas.

La universidad está dividida en cuatro campus alrededor de la isla y concretamente, el correspondiente a energía solar se encuentra en la ciudad de Saint Pierre en el sur y a unos 80km del extremo norte. Tomaremos Saint Pierre como campamento base dado que las distancias son muy cercanas en el cuentakilómetros del coche, no así en el tiempo para cubrirlas por el enorme tráfico de una isla que casi roza el millón de personas, principalmente localizadas en la pequeñísima franja de costa. A partir de la costa los volcanes se elevan impenitentes en un terreno de abruptos barrancos y coladas de lava cubiertas de una vegetación salvaje, solo blanqueada por los increíbles saltos de agua de cientos de metros, todo ello dando lugar a uno de los paisajes más espectaculares que hayamos conocido. Esa belleza tropical nos da mucha energía y nos organizamos con madrugadas a las 4 de la mañana o antes, para conocer los encantos de la isla, antes de poder ir a la universidad. Por otra parte, después del trabajo todavía da tiempo de completar la jornada con más actividad. Solo así, durmiendo en el coche, tirando de frontal y con bastante café se es capaz de conocer la isla y cumplir los objetivos del Erasmus+ en un par de semanas. Descansar, ya descansaremos en el avión de vuelta.

Universidad de La Reunión
Edificio bioclimático del campus de ingeniería; genera más energía de la que consume y con vistas al mar

Comenzamos con la cascada de Grand Galet y el valle del río Langevin. La primera percepción que tenemos es que también va a ser un viaje de olores, ya que la vegetación, en su mayoría en flor en esta época, lo impregna todo. Acostumbrados a los bosques europeos, de un olor bastante limitado buena parte del año, en La Reunión se pueden inspirar muchos modelos de ambientadores. Especialmente en las madrugadas, algunas flores como el Longoze Amarilla se abren y comparten su olor dulzón a miel para ser polinizadas por los murciélagos y compensan la oscuridad, solo quebrada por la luz del frontal, con un éxtasis de olores. Durante el día las hortensias arborescentes, que crecen a ambos lados de las carreteras sin cuidado alguno inundan de azules y rosas las cunetas.

Logonze amarilla, una flor de casi dos palmos de tamaño que inunda de olor los caminos de la isla
Fodi rojo, uno de las aves más características de La Reunión
Cascada de Grand Galet

Cerca de aquí, por la carretera de la costa sur se atraviesan las coladas la lava de los últimos años. El tamaño de los líquenes, primeros habitantes tras la erupción y de otras plantas dan muestra cronológica de cada colada. Algún pueblecito se resiste al poder del volcán en ubicaciones idílicas como Santa Rosa, donde la lava entró en la iglesia y la rodeó, pero no consiguió derribarla. Cerca de Santa Rosa se encuentra el magnífico entorno de Anse des Cascades, lleno de mesas para almorzar, muchas de ellas con cobertizo para la lluvia. La isla dispone de más lugares para almorzar y dormir al aire libre que ningún otro lugar que hayamos visitado antes. Sorprende gratamente la integración de las distintas poblaciones. Blancos, negros y asiáticos, todos ellos habitantes de La Reunión, comparten los mismos espacios públicos con independencia de su nivel económico y mezclados entre ellos; sin la evidente segregación económica y racial que ocurre en tantos lugares.

Los restos del último ciclón, un barco encallado en la costa
Texturas de la lava de La Reunión
Boca de entrada a un túnel de lava, en el sur de la isla
El comienzo de la vida sobre la lava, los líquenes
Colada de lava de 2014, en el sur de la isla
Iglesia de Santa Rosa, la lava entró a su interior, pero no la derribó
Líquenes naranjas en Anse de Cascades

Toca regresar a la universidad y conocer los proyectos que están realizando en la isla. Mientras que la costa dispone de red eléctrica, principalmente alimentada por petróleo y alguna instalación solar, muchos pueblos del interior no disponen de conexión a la red: a cambio gozan de instalaciones aisladas fotovoltaicas y de una mayor austeridad energética. Es Francia y muchos franceses en La Reunión han decidido que vivir en una isla a más de 8.000 km de Europa no es estar aislado. Por eso, muchos de ellos han decidido aislarse mucho más en alguna de las dos docenas de poblaciones diseminadas en sus tres cráteres volcánicos y cuyo acceso solo puede ser hecho caminando más de dos horas (algunos a 4 horas) y asumiendo desniveles positivos enormes. En uno de estos pueblos “La Nouvelle”, a solo dos horas y media de camino y 600 metros de desnivel positivo, hay colegio, centro de salud, tienda, restaurantes y, cómo no, panadería, además de una mini red solar que almacena la energía en baterías y en una pila de combustible de hidrógeno. Todo, menos las personas, que tienen que llegar caminando, llega en helicóptero. Peor lo tienen los vecinos de Roche Plate, que tras quedarse sin su camino de acceso por un desprendimiento de rocas tienen que sumar varias horas de caminata adicionales para llegar a sus casas con más de 1.200 metros positivos.

El pitón de las Nieves es el techo del océano Índico y con sus 3.070m alguna vez ha acumulado nieve en esta latitud. Para ascenderlo elegimos la vía del cráter de Cilaos, cuya carretera de acceso al cráter es una obra de ingeniería impresionante. Los zigzags atraviesan zonas de ceniza volcánica apelmazada y los continuos desprendimientos provocan cortes en la carretera. Fue allí donde los primeros habitantes de la isla, los malgaches tomados por los conquistadores franceses como esclavos para domesticar este territorio selvático, escaparon de los europeos en este circo para vivir libres y rodeados de unas vistas difícilmente mejorables. Desde el circo de Cilaos solo nos quedan 1.700m positivos hasta la cumbre. La idea es subir de noche, ver el amanecer en la cima, bajar rápido y disponer de todo el día para conocer otras cosas. Dicho y hecho, a las 2am empezamos el ascenso y vamos pasando a varios grupos de franceses, alguno de los cuales hizo el monte en vigilia saliendo del aparcamiento al anochecer. El cálculo es milimétrico y según coronamos el sol despega. Desde allí se divisa toda la isla sin nubes, unas nubes que van apareciendo durante el día según la temperatura aumenta y evapora la humedad de la vegetación, conocidas como nubes orográficas. Bajamos con energías para darnos un buen baño en las mismas aguas que se desprenden de la cumbre y continuar la ruta hacia el Pitón de la Fournaise, el volcán activo que cada año o dos hace erupción.

Rumbo a la cumbre del Pitón de las Nieves alumbrados por la luna llena
Amaneciendo camino de cumbre
En la cumbre del Pitón de las Nieves
Magnífico día de cumbre con las vistas del circo de Cilaos a la espalda y la sombra del pico sobre el mar
El circo de Cilaos con el Gran Benare, que subiremos después al fondo
Precioso pueblo de Cilaos, con el Pitón de las Nieves al fondo a la izquierda

El pitón de las Fournaise es el punto más visitado de la isla y por motivos evidentes. Sus dos cráteres, el principal y el de Dolomieu nos trasladan a una olla gigante donde se cuecen miles de hectáreas de lava antes de barrer su paso hasta el mar. La niebla coquetea en la cumbre como amenazando con quitarnos las vistas. Todavía nos da tiempo esa misma tarde de conocer las cascadas de Takamaka, el que dicen que es el punto más pluvioso de la isla. Hace sol y disfrutamos de un escándalo de agua precipitándose unos 600 metros por las laderas herbosas. Para refrescarnos nos damos un buen chapuzón antes de llegar al circo de Salazie al pueblo de Bellevue, uno de los más bonitos de la isla. Tras descubrir a las 4:30 de la mañana del día siguiente que el sendero que íbamos a tomar al Trou de Fer (uno de los barrancos más complicados del mundo) se encuentra cerrado al público por desprendimientos, hacemos un cambio de planes para conocer los pueblos de La Nouvelle y Marla, en el mismo cráter de Salazie. Cruzamos varios ríos saltando entre piedra y piedra al no haber puentes (más aislamiento todavía para estas poblaciones, puesto que cuando llueve bien se vuelven completamente infranqueables). Lo que comienza siendo “mira qué rápido se nubla”, en dos minutos se convierte en un aguacero. Bea opta por no ponerse chubasquero y calarse hasta los huesos mientras que yo uso chubasquero y acabo calado igualmente de mi propio sudor, producto de la temperatura y humedad tropicales, que hacen del plástico del chubasquero un auténtico cocedero. Las cascadas ganan volumen y llegamos al coche cuando va escampando. Sin embargo, al otro lado de la isla el sol brilla cuando nos damos un chapuzón en la laguna marina de l’Hermitage. La barrera de coral delimita el mar (prohibido por los tiburones salvo para los surferos) de esta laguna marina de arenas blancas, aguas cristalinas y llena de rosetones de coral, donde viven multitud de peces de colores.

Atardecer sobre el cráter. La lluvia de la noche dará lugar a un increíble día de sol
Amanecer hipnótico con el Pitón de la Fournaise de fondo
Amaneceres de película en La Reunión
Bea dentro del cráter de la Fournaise
Rumbo al cráter de Dolomieu, un treking que recorrer en La Reunión
Cráteres recientes de la Fournaise
Cráter de Dolomieu, minutos antes de que llegase la niebla
Circo de Salazie, camino del pueblo de La Nouvelle
En la escuela de La Nouvelle a dos horas y media de camino del coche más cercano
Del sol que pica a estar como sopas en 2 minutos, así es La Reunión

Llegamos a Saint Pierre por la tarde con ganas de una buena ducha y reservamos un hostal. Según nos inscribimos en la recepción, nos informan que han declarado la alerta roja por ciclón y que a partir de entonces no se puede salir a la calle. ¡Salvados por la campana! Los modelos de satélite indican que el ciclón pasará a varios cientos de kilómetros de la isla y que va derecho a Madagascar, justificando la pobreza del que es uno de los países más pobres y subdesarrollados del mundo. Parece ser que las autoridades, escaldadas de la falta de aviso por el anterior ciclón, en este estén pecando de excesivamente precavidas. El viento apenas llega a los 50km/h y la lluvia es reducida. Para la media mañana del día siguiente han levantado la alerta y la gente vuelve a su rutina. La universidad, a pesar de levantarse la alerta, se mantiene cerrada y nos permite acercarnos a conocer la cascada Jacqueline y el cabo Jaune, que como su nombre indica es de ceniza amarilla. Cenamos en la playa de Grand Ansé. En un lado de la playa un grupo de reggae congrega a cientos de personas, más adelante una boda mixta bajo las palmeras se dan el sí quiero, varias docenas de corredores se ejercitan en la hierba de la playa, otros toman el sol mientras una multitud disfruta de barbacoas o tocando música. Todo público, todo gratis y sin distinciones. ¡Qué calidad de vida!

Sufriendo el viento y la lluvia del ciclón
Cabo Jaune y sus areniscas amarillas
Playa de Grand Ansé

Parece que el ciclón ya es pasado y el trabajo en la universidad se combina con el monte. En este caso toca el Grand Benare, de casi 2.900m, en una subida tranquila por el borde mismo del volcán. Los cambios de paisaje resultan increíbles y esta isla es un auténtico paraíso no solo para los barranquistas sino también para los amantes del senderismo. También logramos llegar al mirador del Trou de Fer, ese mítico barranco donde varias cascadas se juntan en una y el río se adentra en los nervios de la montaña, dando lugar a una actividad que lleva de dos a tres días de rápeles, dormir mojados y con un rescate incierto y complicado y a la preciosa cascada de Grand Bassin.

Subida al Grand Benare
Circo de Salazie, una buena caminata para llegar a los pueblos aislados en su base
Circo de Salazie desde el Este
Cascada del Trou de Fer
Cascada de Grand Bassin

Nuestros días en La Reunión van tocando a su fin y mientras nos vamos acercando al aeropuerto tomamos un último desvío hacia el Cap Noir, un magnífico observatorio del circo de Salazie. Ahora sabemos nombrar los montes, valles y pueblos que vemos a lo lejos. El olor de las flores lo inunda todo. El verde tiñe hasta el cielo y sabemos que este año viajero comienza con un nivel de paisajes y actividad difícilmente mejorables. El tiempo nos lo dirá. La Reunión existe y ahora ocupará un lugar muy especial en nuestros recuerdos.

Cap Noir, uno de los miradores más increíbles de La Reunión
Ayuntamiento colonial de Saint Denis
Fin del Erasmus+ en La Reunión

Recomendaciones.

  • French Bee ofrece vuelos de bajo coste con un servicio excelente y muy económico desde París.
  • Hay varios Decathlon en la isla, mucho más completos que los que hay en España. Se puede comprar hornillo, gas y material de acampada a un coste menor que el de facturar una mochila. La sección de Trail running es flipante.
  • Alquilar un coche y acampar es la mejor manera de mantener el presupuesto bajo. Los hoteles tienen el precio de Francia continental. El autostop y el transporte público son posibles pero los desniveles son tremendos y si toca caminar para los enlaces, garantizado que será en cuesta. Creemos que recorrer la isla en bicicleta tiene peligro: no hay arcenes, las bajadas son difíciles de tomar por el lateral con gravilla y vimos accidentes de gente a dos ruedas.
  • Los supermercados son los mismos que en Francia: Carrefour, Auchan, E-Leclerc, etc. Se puede comprar de todo y a un precio ligeramente superior al continente, pero no escandaloso.
  • La aplicación Maps.Me funciona de maravilla para orientarse en los senderos.
  • Internet libre y abierto en cadenas de comida rápida y La Poste (correos).

2 comentarios en “Isla de La Reunión

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