De montaña en Kirguistán

Kirguistán nos recibe con uno de sus paisajes más espectaculares, el valle de Alay, en el que se encuentra la mole del pico Lenin, de 7.134m. Hipnotizados por el blanco de sus glaciares y las yurtas de los pastores nómadas nos vamos aproximando por la verde estepa desde el paso fronterizo con Tayikistán de la Pamir Highway. Los caballos pastan en grupos grandes mientras los potros jóvenes yacen en el suelo, tranquilos de saber que tendrán una vida cómoda en estas praderas. Así llegamos a Sari Mogul, un pueblo sin forma, de calles largas y polvorientas, donde los viejos vehículos soviéticos cargan animales y personas de la misma forma. Es tarde, estamos cansados y mis tripas llevan horas revueltas como el agua de un río de montaña. Seguramente alguna comida en mal estado, o el agua del país vecino sean las responsables. Buscamos las últimas casas del pueblo y preguntando a unos niños por “palatca” -tienda de campaña en ruso- nos señalan la hierba alrededor de su casa. Mientras montamos la tienda, la niña, de unos 10 años, nos trae una bolsa con verduras para nuestra cena y un anillo metálico de regalo para Bea. Sus padres no han llegado todavía del trabajo, pero a esa edad tan temprana ya tiene inoculada la palabra hospitalidad en sus venas.

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Niños en Sari Mogul repartiendo leche

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Yaks cerca del lago Tulpar

Al día siguiente, parte caminando y parte en un camión de cargar caballos cubrimos los 20 km de estepa ventosa hasta el lago Tulpar, un espejo perfecto para ver la cumbre del pico Lenin. Una hora más de camino nos separa de su campamento base, allí donde recalan cientos de alpinistas cada año con el sueño de hollar su cima. La tranquilidad del campamento base en ese momento poco tiene que ver con la ebullición del próximo día, cuando se celebren los Juegos Nómadas Nacionales en este mismo entorno: una excelente oportunidad de conocer la idiosincrasia de un pueblo, los kirguises nómadas, en un mundo que cada vez busca más el sedentarismo urbano. Sus competiciones se basan en mostrar la destreza y fortaleza de los hombres al caballo, con juegos tan auténticos como el de jugar a una especie de polo con una cabra muerta que tienen que conseguir introducir en unas porterías desde sus caballos. Las mujeres, por otra parte, hacen lo propio con los bailes tradicionales. Los cientos de familias que asisten al espectáculo cocinan ranchos de patatas y “plof”, arroz con verduras y carne.

 

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Mujeres en sus trajes tradicionales en los Juegos Nómadas Nacionales

Dedicamos otro día más en este entorno a recorrer el sendero hasta el campamento 1 del pico Lenin. Poco a poco vamos ganando altura hasta los 4.300m, donde un glaciar con forma de autopista de 20 carriles distribuye como una cinta transportadora el hielo y las rocas desde las cotas más altas de la misma montaña. Las vistas son espectaculares y con el teleobjetivo de la cámara de fotos podemos seguir la ruta normal de ascenso a su cumbre. Un reguero de montañeros va sorteando las grietas abiertas del glaciar confiando que este no abra más sus fauces.

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Marmotas de lucha a casi 4.200 m de camino al Campo 1 del Pico Lenin

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Glaciar del pico Lenin con su cumbre a la izquierda

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Cerca del Campo 1

Como mis tripas no se encuentran en su mejor momento todavía -la segunda diarrea en el último año de viaje, la otra fue en Etiopía-, obviamos otro treking en las montañas de Alay -la ruta del paso de Sari Mogul-, por dirigirnos a Osh y recuperar fuerzas cocinando comida rica y descansando de los últimos diez días en las montañas del Pamir. Osh es la segunda ciudad de Kirguistán y sus únicos atractivos para nosotros son su enorme mercado y la montaña de Suleyman, desde donde se tienen buenas vistas de una ciudad demasiado grande y soviética para conseguir conquistarnos.

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Vistas desde la montaña de Suleyman en Osh con su cementerio recién quemado

Desde la tranquilidad de esta ciudad hacemos evaluación de cómo poner broche final a nuestro viaje. Llevamos casi dos años fuera de casa; salvo un mes entre medias. Aprovechando que nuestro único sobrino, Martín, nacerá en septiembre, es un motivo de peso para volver. Lo mucho que nos gustaría regresar sin tomar vuelos se muestra inviable: el visado de Rusia es muy complejo de obtenerse desde fuera de España, no podemos entrar por Irán porque entramos por tierra a Israel desde Egipto y, por lo tanto, nos tocaría desandar el mismo camino ya recorrido por la Ruta de la Seda. Solución: compramos un vuelo no tan caro a Estambul y, desde allí, volvemos por tierra -ojalá en autostop- a casa. Estambul fue nuestra puerta de acceso a Asia cuando acabamos de recorrer África de sur a norte y esta misma ciudad será nuestra puerta de entrada a Europa después de recorrer buena parte de América, África y Asia en esta experiencia de vida tan increíble que hemos vivido. Saber que nos vamos acercando al hogar poco a poco es una buena medicina contra el shock de una vuelta aséptica, fría y rápida en avión. Por otra parte, intentar hacerlo en autostop nos servirá de prueba para comparar la hospitalidad del resto del mundo con los países del sur de Europa. Una vez que pulsamos el botón de comprar el vuelo, una fecha, el 15 de agosto, nos introduce un calendario mental, el primero en tanto tiempo.

Desde Osh nos dirigimos al lago de Sonkul, uno de los destinos favoritos de los viajeros en este país. Sin demasiada información precisa acerca de cómo acceder al mismo, con la aplicación Maps.me buscamos líneas discontinuas que indiquen la presencia de senderos a su orilla. Así damos con una exigente ruta de 27 km con 4 puertos de montaña entre yurtas ocasionales de pastores nómadas. El primer día llegamos tarde y acampamos tras caminar un par de kilómetros cerca de una cabina con ruedas humeante. Mientras Bea descansa dentro de la tienda, salgo a dar a un paseo y la familia me invita a entrar y a compartir con ellos su cena y el calor de su acogedor hogar en estas montañas. Beben “kumus”, leche de yegua fermentada y comen unas bolas de yogur seco, salado y agrio llamadas “kurt”. Mientras lo pruebo, pienso en qué diría mi madre acerca de las bacterias que en esa comida pueden encontrar su hogar. -Muy mala suerte debo tener si me pongo malo dos veces en el mismo país, me digo a la vez que recuerdo lo mucho mejor que sabe un buen queso manchego. Es lo que hay. Seguramente ellos reconozcan lo mismo a la contra si probasen nuestros quesos…

A la mañana siguiente, la sierra de perfil del terreno de sube y baja del Map.me se muestra inclemente ante nuestras piernas. A la caída de la tarde, tras más de 1.500m positivos llegamos justo a tiempo de darnos un remojón en este lago ubicado a 3.000m de altura. Una especie de gaviotas sobrevuelan nuestra tienda mientras hervimos agua del lago, ya que todos los riachuelos en los que podríamos coger agua se encuentran pateados por las vacas. Las vistas de este lago son impresionantes. La gente vive tranquila en sus yurtas al cuidado de sus vacas y caballos. Poco ha cambiado aquí en los últimos cientos años. Ellos saben bien lo que es sostenibilidad a largo plazo. Para la bajada del lago elegimos otra ruta un poco más amable hasta el pueblo de Kyzart. Desde allí haremos autostop hasta llegar al mar de Kirguistán, el gigantesco lago Issykul.

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Estelas funerarias en la torre de Burada, de lo poco que queda de la Ruta de la Seda original

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Pastor en el treking hacia Sonkul

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Lago de Sonkul a 3000m

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Nomadismo en yurtas en el lago Sonkul

Una playa a rebosar de gente cocinando en yurtas, a modo de chiringuitos, con vacas comiendo de los contenedores de basura nos envuelve con el mismo encanto que Benidorm en el mes de agosto. De nuevo, llegamos demasiado tarde para encontrar un sitio agradable donde acampar, así que esperamos a que las últimas personas salgan de la arena para plantar la tienda cerca del agua. Bea insiste que si sube la marea el agua llegará a la tienda. – Es un lago y los lagos no tienen mareas, le contesto. Esa noche me comeré mis palabras cuando tengamos que mover la tienda al subir el agua varios metros.

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Lago de Issykul en la playa de Tamga, orilla sur del lago

Tras una jornada probando diferentes playas del mismo lago haciendo autostop llegamos a Karakol, la mayor población del oriente de Kirguistán, casi pegando ya con China. Acampamos en medio de un campo de alfalfa a las afueras de esta población, sin podernos imaginar que alguien ya prácticamente de noche nos haya visto. A la mañana siguiente nos despertaremos con la sorpresa de una bolsa de 5 kilos de manzanas que cargaremos durante los próximos cuatro días en el treking de Jeti Goduz-lago Alakul-Altyn Arashan. Este treking recorre un escenario alpino impresionante de montañas que superan los cinco mil metros, a cambio de subir a dos collados de 3.800m y 3.900m, respectivamente, donde solo las marmotas y algunos caballos con pasado de alpinista se atreven a habitar. Los lugares que encontramos para acampar son increíbles y solo lo estropean las tormentas que, cada día, irrumpen a partir de las 3 de la tarde. Finalmente, el lago Alakul pone un broche turquesa a un treking muy interesante a la par que popular en este país. Para los amantes de las aguas termales, en Altyn Arashan existen tres pozas gratuitas donde relajar los músculos de los días previos.

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Empezando el treking en Jeti-Goduz

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Primeras montañas nevadas cerca de Jeti-Goduz

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Acampando el primer día

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Collado a 3.800m hacia el valle de Karakol

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Bajada muy alpina hacia el río de Karakol

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Tormentón cerca del lago Alakul

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En el collado a 3.900m sobre el lago Alakul

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Lago de Alakul, una de las postales más espectaculares de este país

Tras haber hecho más de 180 km de treking de gran calidad en las montañas de Kirguistán, el del pico Lenin, el lago Sonkul y el lago Alakul, haber conocido sus dos ciudades más habitadas, Osh y Biskek y su mar interior, el lago Issykul, la sensación que nos deja este país de montañas es que nos podríamos quedar dos meses más caminando y sorprendiéndonos. Sin embargo, ahora no tenemos un viaje sin fecha de retorno donde darnos esas libertades tan fabulosas y una fecha retruena en nuestra cabeza. Es hora de ver qué nos puede ofrecer el gran país vecino, con el clima más extremo que seguramente haya en nuestro planeta de frío y calor, tierra de estepas, montañas y desiertos, de capital renombrada este año con nombre Nur Sultán. No más pistas: Kazajstán, ¡allá que vamos!

Consejos:

  • Desde Sary Mogul hasta el lago Tulpar cada día temprano en la mañana y al atardecer suele haber vehículos particulares que pueden darte un aventón en autostop gratis. Nosotros evitamos la agencia CBT (presente en todo el país) ya que fija precios elevadísimos para cualquier servicio. Sin embargo, ellos te pueden guardar lo que no necesites llevar al treking, reduciendo el peso de tu mochila, en un armario con candado de forma gratuita. En Sary Mogul es también posible sacar dinero con Visa y MasterCard (el lugar no es para nada obvio y los de la CBT te pueden dar indicaciones) y también cambiar dinero en el único banco del pueblo.
  • Es posible acampar en las proximidades de Sary Mogul de forma gratuita y sin ningún problema, así como en el lago Tulpar y en el Campo Base del pico Lenin. Por otra parte, no hace falta sacar ningún permiso para realizar el treking hasta el Campo 1.
  • Consultando en la página web de la agencia CBT (Community Based Tourism) se puede consultar la fecha de los Juegos Nacionales Nómadas, que cada año se realizan en las praderas del Campo Base del Pico Lenin en julio/agosto. Este festival tiene en 2019 un precio de 10 dólares. Sin embargo, no existe un lugar cercado donde realizarlo y es muy simple acceder al mismo sin pagar, al igual que hacen el 100% de los kirguís y como nosotros también hicimos. Si preguntas a la CBT, obviamente te dirán que tienes que comprar el ticket “para extranjeros”.
  • El lago Sonkul es accesible desde muchos lugares: todos ellos caminando. No se requiere ningún permiso. Nosotros comenzamos por el punto denominado “Inicci trekking Sonkul” en Maps.me y seguimos la línea discontinua hasta el lago. Para la bajada bajamos hasta el “Gate of Kyzart” en la misma aplicación. Sin ninguna duda, la ruta de acceso al lago desde “Gate of Kyzart” es mucho más amable que la primera, pero se compartirá el trayecto con algún que otro extranjero, mientras que la primera conserva más la esencia nómada a cambio de subir 4 puertos duros al sol. En la oficina de la CBT de Kochkor guardan tu mochila de forma gratis y venden gas para hornillos tipo “Primus/Jetboil”. En general, para este país se puede tirar con este tipo de hornillos mientras que para el resto de países de la zona es mucho más fiable usar hornillos multifuel tipo MSR con gasolina.
  • La torre Burada es de las pocas reminiscencias de la Ruta de la Seda en Kirguistán. Si se viene de Uzbekistán puede defraudar un poco. Nosotros llegamos haciendo dedo y el conductor nos enseñó, sin pedirlo, la puerta de “atrás” para entrar gratis. El recinto no está vallado y es fácil entrar de este modo a 100m de la tienda de tickets.
  • El lago Issykul tiene dos carreteras: la norte y la sur. La sur es mucho más atractiva y se puede disfrutar de un montón de playas donde acampar libremente y darse un chapuzón. Es muy fácil hacer autostop en esta zona.
  • Karakol es una localidad muy turística y sin demasiado atractivo más allá de los trekings que comienzan en sus proximidades, que merecen muchísimo la pena. Nosotros hicimos el de Jeti Goduz desde el balneario ubicado a pocos kilómetros del pueblo. La ruta está muy bien marcada en Maps.me hasta el lago Alakul y de ahí hasta Altyn Arashan, donde caminando 15 km más cuesta abajo se llega al primer pueblo donde poder hacer autostop o tomar una “martshutka”. Desde Altyn Arashan existen “martshutkas” 4×4 a precio de riñón. Vale la pena llevar una doble batería para poder consultar Maps.me durante los 4, 5 ó 6 días que cueste la travesía. Nosotros lo hicimos en 4 días caminando unos 20 km diarios. El treking de Ala-chor es mucho menos concurrido que este pero a cambio los desniveles son mucho más agresivos y sin las vistas del lago Alakul.

 

4 comentarios en “De montaña en Kirguistán

    • Muchas gracias Adriana! Si organizas el viaje de la Ruta de la Seda tienes que tener en cuenta que la mejor época es julio y agosto para las montañas aunque a cambio pasarás bastante calor en las ciudades! Kirguistán es especialmente interesante por sus montañas 🙂

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    • Como todo depende mucho de con quién te toque, pero seguro que la hospitalidad es mucho menor… Lo vamos a saber pronto cuando hagamos en autostop el sur de Europa… En estos países tienen una doble tradición de hospitalidad: primero porque tienen influencia nómada de los mongoles y segundo porque son musulmanes muy relajados y la hospitalidad la llevan de serie 🙂

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