Kazajistán en autostop

Un cielo plomizo nos despide de Kirguistán, plomizo como nuestros pensamientos al saber que después de cruzar la frontera de Kazajistán no quedarían más puntos suspensivos en nuestro periplo en Asia Central. Mientras nos caen los primeros goterones en la cabeza, unos goterones que no hacen más que agrandar nuestra pena, nos decimos el uno al otro: – si los próximos dos vehículos a la vista no nos llevan en autostop, nos cobijaremos hasta que pase el “nublao”. Levantamos el pulgar como un pararrayos y al tiempo que se aproximan juntamos las manos con el símbolo de por favor, un viejo truco de la casa que nos ha funcionado de maravilla en otros lugares tan lejanos como Uruguay o Chile. Volvemos la cabeza y vemos como los dos relucientes Toyota Landcruisers han parado para llevarnos. – Llevan la matrícula kazaja y cruzaremos juntos la frontera, pienso a la vez que corremos. Les preguntamos su destino y nos indican que se dirigen a los lagos alpinos de Kolsai, ya en Kazajistán, uno de los lugares que queríamos visitar y que teníamos como complejos de alcanzar a dedo. En un instante pasamos de mojarnos a tener un plan en nuestras andanzas por este nuevo país.

Con una superficie de más de 5 veces de España, Kazajistán es el 9º país más grande del mundo en extensión, que no en población: tan solo 18 millones. Conectando el mar Caspio con China y solapado a su norte por Rusia, su cultura y su diversidad racial es muy rica en contrastes. Por otra parte, sus recursos naturales como el petróleo y el gas dotan a su población, principalmente urbana, de un status económico superior al de sus vecinos uzbekos, tayikos o kirguís. En relación al clima, Kazajistán debería ocupar la cúspide del clima continental más extremo del globo, con temperaturas mínimas de -57ºC y máximas de 49ºC. Este clima tan bipolar condiciona el paisaje del país, en el que predominan las vastas estepas, muchas de ellas increíblemente áridas. En un entorno tan hostil climáticamente hablando y sin posibilidad de escapar a ningún lado, Stalin diseñó sus Gulags, los campos de concentración y exterminio soviéticos, por los que solo en este país pasaron más de 1 millón de prisioneros. Sin embargo, como comprobaremos durante los próximos días, en Kazajistán, solamente es hostil el clima con los viajeros, porque el contacto con su gente es extremadamente agradable.

Llegamos al primero de los lagos de Kolsai cuando apenas queda media hora de luz, lo suficiente para encontrar un sitio donde acampar, pero no lo suficiente para encontrar un sitio plano lejos del camino. A la mañana siguiente nos despertará una marabunta de kazajos armados con sandías, barbacoas y hasta con la abuela, robando en un instante la belleza natural que este lago tenía el día previo al atardecer, pero, por otra parte, permitiéndonos conocer la idiosincrasia de su población en vacaciones. – Es lo que tiene visitarlo en un sábado de agosto, nos decimos mientras nos tomamos el café. Cuando ya hemos decidido caminar hasta el segundo de los lagos, a casi 8 km a pie del primero, nos agobiamos un poco al ver la procesión humana y de caballos con sus jinetes que se dirigen al lugar. Ya hemos visto muchos lagos preciosos en otros lados y, a cambio, nos convertimos en domingueros por un día buscando una playa agradable donde recalar y descansar. Al cabo de media hora, un grupo de kazajos muy simpáticos nos invitan a compartir su comida con ellos pasando un rato muy agradable. Una hora después conocemos a un grupo de viajeros internacionales con los que congeniaremos desde el primer momento. El lago pasa a segundo plano al tiempo que recordamos que lo mejor de viajar son las personas que vamos conociendo, aquellas que tiñen su agua de un color que no olvidaremos.

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Con los kazajos que hicieron posible que conociésemos Kolsai

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Primer lago de Kolsai al amanecer

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Chapuzón en el lago de Kolsai

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Con los kazajos con los que compartimos la comida en Kolsai

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Con los chicos viajeros con los que compartimos un buen rato en el lago

Mientras intentamos hacer autostop infructuosamente durante más de una hora para salir de Kolsai en dirección al lago de Kaindy, las nubes negras vuelven a sobrevolarnos. Todos los vehículos que salen del aparcamiento van a rebosar de gente y nuestro futuro cercano no se ve más claro que el cielo. Al ver la jugada de nuestra espera, unos kazajos nos parten un par de kilos de su sandía y nos dan un pan para sobrellevar la tarde. Es fácil olvidar que en Europa estos comportamientos son de lo más extraños y podríamos contarlos con los dedos de una mano a lo largo de los años; en Asia Central son el día a día. Empieza a llover y nos cobijamos bajo un alero. Un minuto después, un par de kazajos se acercan a charlar con nosotros interesados por nuestra procedencia. Uno de ellos, Mega, habla inglés y traduce al otro, Nurjan. Ellos son empresarios y les parece de lo más exótico la sencillez de nuestra vida durante el viaje: el acampar cada noche en un lugar incierto y los desplazamientos a dedo. Poco después nos preguntan si pueden invitarnos a comer y a darnos una ayuda económica. – ¿Qué?, no nos lo podemos creer. Sinceramente, no hemos hecho nada que motive en ellos un comportamiento así y es lo típico que nadie creerá al leer estas líneas. Como otros musulmanes ante nuestra negativa, no admiten el no por respuesta e insisten. Ya alrededor de la mesa nos hablan de que la hospitalidad en su país es por partida doble: el islam les obliga a ayudar al viajero y, por otra parte, su tradición nómada es la de compartir lo que tienen. Cuando salimos del restaurante se encargan de hablar con el conductor de su autobús para que nos hagan un sitio y bajarnos hasta el empalme del lago de Kaindy. Por si no hubiese sido poco, nos dicen que les llamemos cuando lleguemos a su ciudad, Almaty, la antigua capital de este país.

El conductor de una furgoneta rusa 4×4 se ofrece voluntariosamente a llevarnos a nosotros y a una chica francesa, Mina, hasta este lago, cuyo origen se remonta a 1911, cuando un terremoto deslizó la ladera de la montaña sobre el cauce del río. Los troncos secos en su posición original dan testimonio de la novedad de este lago. Esa noche acamparemos en su orilla y compartiremos la cena con Mina, con las vistas insuperables de un cielo estrellado en sus aguas.

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Con el conductor que nos llevó a la francesa Mina y a nosotros en su espectacular furgoneta al lago Kaindy

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Lago de Kaindy, formado en 1911 por un terremoto

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Reflejo perfecto al amanecer

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Troncos de aquellos árboles previos a la formación del lago en 1911

De nuevo en el empalme de la carretera principal, el vehículo de unas alemanas, Clara y Catarina y el kazajo O.G. para ante nuestra señal de autostop. Nosotros nos dirigimos al cañón de Charyn y ellos al parque nacional de Altyn Emel, un desierto que teníamos marcado como interesante, pero como casi “imposible” de recorrer en este estilo. Rápidamente cambiamos nuestros planes ante su ofrecimiento de acompañarles y visitarlo juntos. Será la segunda vez en nuestro viaje que compartamos un trayecto de más de un día con el mismo conductor, la anterior hace unas semanas en la Pamir Highway en Tayikistán. Tras acampar en el mismo centro de visitantes del parque nacional, quedamos con nuestros amigos a las 6 de la mañana para conocer este parque antes de que el calor insoportable del verano borre el interés por recorrerlo. Bajo la luz anaranjada del amanecer, multitud de ratoncillos toman el sol a dos patas a ambos lados del camino y a lo lejos un caballo salvaje pasta tranquilo, el primero de su especie que hemos visto, seguramente el antecesor de todos los caballos que conocemos. Casi 150 kilómetros de pistas de tierra separan los lugares de interés de este parque: la “Singing Dune” y la montaña de colores y apenas 5 vehículos entran al parque cada día. Haber conocido a estos chicos y recórrelo en autostop ha sido una auténtica lotería.

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Subiendo la Singing Dune, una arista perfecta en pleno desierto

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Riendo un poco en la arena

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Bea en la Singing Dune del parque nacional de Altyn Emel

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Montaña de colores en Altyn Emel

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Paisaje muy árido en Altyn Emel

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Con Catarina, Clara y O.G., quienes hicieron posible que conociésemos el parque de Altyn Emel

Desde Altyn Emel desandamos camino hasta el cañón de Charyn. No conseguimos llegar ese día y nos toca acampar a un lado de la carretera en una estepa amarillenta. A la mañana siguiente, por más que madrugamos, el sol nos pilla la delantera y se convierte en un pesado compañero sobre nuestras cabezas mientras esperamos a que alguien nos lleve al cañón. Cuando finalmente llegamos al mismo, buscamos el frescor de sus aguas para darnos repetidos chapuzones y sobrellevar los 42-44 grados sin brisa alguna del fondo del barranco. Allí acamparemos esa noche buscando una tregua de temperaturas y una mayor intensidad de colores de su arenisca rojiza al amanecer.

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Cuando no existe ninguna sombra y hace 40ºC el toldo es una buena solución mientras esperamos un aventón

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Cañón de Charyn

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Cañón de Charyn desde el mismo agua

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Al amanecer el sol tiñe de naranja las formaciones de arenisca

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Más formaciones increíbles en Charyn

Desde Charyn volvemos a la carretera, donde, en tres vehículos diferentes de conductores muy generosos llegamos a Almaty, la antigua capital de este país con clima extremo de calor y frío, que es Kazajstán. Nada es lo que sabíamos de esta ciudad antes de llegar a Asia y mucho lo que hemos escuchado de la misma en las últimas semanas: cosmopolita, europea, interesante por su gastronomía y lugar de descanso. Tras recorrer su centro histórico con un calor de justicia, volvemos a repetirnos que lo nuestro son los lugares naturales donde poder acampar. Por esta razón, decidimos dedicar únicamente una noche a esta ciudad antes de regresar a Bishkek, la capital de Kirguistán, donde descansaremos unos días antes de acometer la tercera y última etapa de este viaje, la de recorrer sin vuelos desde Estambul hasta casa. En Almaty aprovechamos para quedar con los empresarios que conocimos en el lago Kolsai. Insisten en que probemos lo mejor de la gastronomía kazaja y compartamos con ellos los últimos momentos en este país. A la hora del postre nos sorprenden con un regalo de ¡80 euros! para que continuemos viajando. – Así somos en Kazajstán, nos dicen. – Podéis tenerlo claro que así os recordaremos.

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Con Nurjan y Mega en Almaty, los cuales nos invitaron a cenar y nos dieron 80 euros para que continuemos viajando

Consejos:

  • Viajar en autostop es muy fácil en este país y las esperas nunca fueron superiores a los 30 minutos (cerca de Almaty), mientras que en el resto de los lugares recorridos la media se reducía a unos 5 minutos.
  • Nosotros acampamos todas las noches menos la noche que dormimos en Almaty, donde, por cierto, hay albergues por 2 dólares la noche por persona.
  • Para recorrer los lagos de Kolsai y Kaindy, así como el cañón de Charyn en autostop es bastante interesante hacerlo en fin de semana desde Almaty (nosotros lo hicimos viniendo desde Kirguistán) porque hay muchas personas haciendo este viaje con su vehículo. En cualquier caso, empezando desde el cañón de Charyn es relativamente sencillo encontrar vehículos que van a los lagos porque forma parte del circuito que todo el mundo realiza. Desde los lagos muchos vehículos van de vuelta al cañón o a Almaty.
  • La acampada en la orilla del lago de Kaindy es maravillosa y permite disfrutar de la tranquilidad del lago antes de que comiencen a subir todos los turistas. Nosotros conseguimos aventones gratis para subir y bajar en vehículos 4×4, ya que el camino lo requiere. También se puede subir caminando y son unos 10 km.
  • Para conseguir ir a Altyn Emel a dedo esto es bastante más complejo ya que es un parque al que van pocos turistas locales y los extranjeros suelen ir en vehículos privados con conductor (es rarísimo que te lleven en autostop). La opción más recomendable pasaría por ir al centro de visitantes del parque nacional en el pueblo de Kalilino (dejan acampar en su jardín gratis) y esperar a que alguien te dé el aventón, previo pago de las tasas del parque de unos 2 euros por persona. En el hotel ubicado enfrente del centro de visitantes suelen dormir todos los visitantes que madrugarán al día siguiente para visitar el parque y ahí también puede ser un buen lugar para encontrar un vehículo.

Un comentario en “Kazajistán en autostop

  1. La verdad es que sois a pesar de todo unos afortunados , al encontrar tanta gente que como vosotros viven esas aventuras que con tanto empeño vivís vosotros y la suerte de podeos entender tan sumamente bien que conquistais los corazones de los demás .Eso no lo consigue cualquiera .Sois unos crack. Un beso muy fuerte para los dos 👄. Os esperamos ver pronto

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