Armenia en autostop

Genocidio y diáspora: palabras tristemente escritas con sangre sobre el pueblo armenio.

Genocidio, porque se calcula que un millón y medio de armenios fueron sistemáticamente eliminados durante el gobierno de los Jóvenes Turcos entre 1915-1923. Genocidio documentado de cerca por los diplomáticos alemanes en el Imperio Otomano, del que parece que sacaron ideas para el suyo particular sobre los judíos y gitanos. Seguramente, aportaron su experiencia también en el primer genocidio del siglo XX, el del intento de Alemania de acabar con los hereros y namaqua (1904-1907), en lo que era África del Sudoeste Alemana y ahora es Namibia. Durante el genocidio armenio, ¡no reconocido todavía por Turquía!, se usó a esta población como cabeza de turco-nunca mejor dicho- del desmoronamiento del imperio Otomano. También se masacraron a grupos cristianos como los asirios, los griegos pónticos, e incluso a algunos musulmanes de origen persa. Las formas utilizadas fueron de lo más variopintas: lanzándolos al mar, atando a miles de niños juntos y tirándolos al río Éufrates, quemándolos vivos y, la que acabó con más vidas, en marchas forzadas sin comer ni beber hasta el desierto del norte de Siria. Las imágenes de una población que se comía hasta las heces de los animales y la hierba seca del desierto dan una idea de la penuria por la que pasaron hasta perecer.

Diáspora, porque de la población actual estimada de unos 12 millones de armenios, solo unos 3.5 millones viven en Armenia. Esta diáspora estuvo condicionada por el genocidio y expulsión de su población de los territorios tradicionalmente armenios, que ahora principalmente integra el este de Turquía. Se calcula que solo entre Rusia, E.E.U.U. y Francia ya viven 5 millones de armenios.

Atendiendo a estos comportamientos humanos tan ruines del genocidio, resulta todavía más llamativa la bondad de la gente cuando se visitan estas zonas. Por ejemplo, en el este de Turquía es donde coincidimos con algunas de las personas más agradables en nuestro paso por este país, si bien es cierto que los perpetradores del genocidio ya habrán muerto, al igual que ocurre con los alemanes de los genocidios herero-namaqua y judío-gitano. Algo parecido a lo vivido en Turquía lo sentimos en nuestro paso por Ruanda, donde en 1994 los hutus acabaron con unos 800.000 tutsis en solo 90 días a machetazos. En la zona del lago Kivu ruandés pudimos conocer a algunos asesinos, los cuales hablaban del genocidio como si fuesen inducidos a ello, como si estos hechos tan horribles que perpetraron fuesen encendidos por un interruptor por alguien de fuera. Saber manejar estos mecanismos humanos que encienden a la población de esta forma es la forma de manipulación más bestial conocida.

Yereván es la capital de este pequeño país en territorio, que es Armenia. Además de callejear por su centro histórico y mercado de verduras, en el paso por esta ciudad, una visita imprescindible es la del museo del genocidio. Allí en Yereván conocemos a Paulino, un soriano que emigró hace más de medio siglo a Hollywood, donde trabajó como dibujante para Walt Disney en películas tan clásicas como el Rey León. Nos reconoce, usando sus palabras, que buscaban tocar las cuerdas del corazón. Curiosamente, una forma de manipulación muy diferente a la inducida en los genocidios. Pasamos un muy buen rato charlando de batallitas viajeras, al tiempo que nos confiesa que conoce 134 países, con la misma mirada de ilusión de un niño al que le han regalado una bicicleta nueva.

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Con Paulino en Yereván

Desde Yereván, en una excursión de un día se puede conocer el monasterio de Geghard, muy interesante porque una mitad fue tallada en la dura roca basáltica. Cerca de allí se encuentra Garní, donde se puede visitar el majestuoso templo romano del siglo III. Esa noche acampamos cerca de la carretera, donde los relámpagos de una tormenta seca iluminan la tienda de campaña como un fluorescente estropeado. Un viaje en tienda de campaña por el Cáucaso en los meses de verano resulta un poco cansino, porque a media noche suelen descargar las tormentas diariamente, cuando lo único que apetece es descansar.

Con ganas de más geografía armenia llegamos a Goris, en el sur del país, desde donde se puede acceder a Khndzoresk, un valle muy interesante por sus cuevas rupestres talladas en la ceniza volcánica. Además, es el punto de entrada para conocer la República de Artsaj (también conocido como Nagorno Karabaj), un país “inexistente”, porque a pesar de contar con fronteras, visados de entrada y gobierno propio, no es reconocido por la comunidad internacional al ser ocupado por los armenios en un territorio que desde hace tiempo era, y sigue siendo para la ONU, Azerbaiyán. Dejamos para el siguiente post lo acontecido en esta República invisible en los mapas.

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Parece que a los perros les gustan las mochilas grandes, porque nos suelen acompañar muy frecuentemente haciendo más agradable el camino

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Moreras: el alimento de los gusanos de seda. ¿Será porque ya estamos en la Ruta de la Seda?

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Acampando en Khndzoresk

Nos sorprende la facilidad para viajar en autostop en Armenia, con medias de espera en la carretera inferiores a los 5 minutos, probablemente las más bajas que hemos vivido. Fue así, haciendo autostop, como llegamos a dar con el barranco de Noravank, -un lugar con un potencial para la escalada deportiva inimaginable-, decimos mientras nos adentramos caminando hacia el mismo. Cuando apenas queda un cuarto de hora de luz conocemos a tres escaladores, que apuran los últimos momentos del día en la vertical. Resultan ser los pioneros de la escalada de este país y con ellos compartimos la cena, acampando a la orilla del río. Nos preguntan si hemos visto ya los prismas de basalto de Garní, a lo que nos miramos el uno al otro con cara de sorpresa. Hemos estado allí pero no hemos visto estas formaciones, a pesar de lo mucho que nos gustan las rocas extrañas. Nos enseñan una foto, motivo suficiente para decidir que volveremos a este lugar en unos días.

A la mañana siguiente conocemos el monasterio de Noravank y las cuevas de Areni, en cuyo interior se encuentra la prensa de vino más vieja del mundo, con más de 6.000 años de historia, probado porque se encontraron pepitas de uva y hollejos. La visita a esta cueva resulta muy interesante por el paralelismo que tenía el vino en la antigüedad con la otra vida, enterrando cabezas de personas en ánforas, justo al lado de donde se hacía el vino. Algo muy parecido a lo que ocurre en la bodega tradicional chilena de pisco “Los Nichos”, en Pisco Elqui, donde el bodeguero y sus amigos se querían enterrar junto a las botellas de aguardiente.

De nuevo, sacamos el pulgar a relucir un poco para llegar hasta Khor Virap, otro monasterio, con magníficas vistas del monte Ararat, de 5.137 m, en territorio turco desde el genocidio armenio. En este caso nos llevan en su vehículo de alquiler: Arno, francés, y Manuela, italiana, ambos viajeros con largo recorrido. Desde el primer momento congeniamos y, casualidades de la vida, después de Khor Virap quieren ir a Garní, ¡a lo que rápidamente nos apuntamos!

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Monte Ararat de 5.137 m

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Con Arno y Manuela, que nos llevaron en su coche y con los que pasamos un día genial

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Una de las formaciones de basalto más impresionantes que hemos conocido

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Prismas perfectos de basalto, donde antes se permitía la escalada y ahora está prohibida

Ya hemos recorrido buena parte de este pequeño país y hemos conocido a gente de lo más variopinta e interesante haciendo autostop. Todavía nos queda el lago Sevan, la mayor masa de agua que tiene hoy Armenia, donde Bea aprovecha a cortarme el pelo antes de darnos un buen chapuzón. Tras varios trayectos en vehículos diferentes, damos con un simpático armenio que nos lleva de vuelta a Tbilisi, donde, por necesidad, tenemos que regresar antes de entrar en Azerbaiyán, ya que las fronteras entre Armenia y este último país están cerradas por el conflicto entre ambos.

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De vuelta en Tbilisi! Nos acercó en su vehículo unos 140 km justo antes de que nos diluviase esperando en la carretera

Armenia nos ha parecido uno de esos lugares en el mundo, donde el típico viaje turístico aséptico de ver monasterios quizá puede defraudar al visitante si no se es un fan de este tipo de construcciones. Sin embargo, es un país en donde el viaje, un poco más intenso de experiencias personales, ¡nos ha resultado de lo más agradable!

 

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