Cumplidos los objetivos del año viajero con creces durante nuestro recorrido por el Caribe, este verano lo pasaremos cerca de casa, disfrutando de la belleza natural de la provincia de Huesca, el lugar al que volvemos año tras año, como las aves migratorias cuando el buen tiempo llama. Huesca es una región privilegiada: montañas salvajes, ríos con pozas mejor que playas, un clima predecible con abundancia de sol, tanta roca como para muchas vidas de escalador, bosques densos donde los árboles no siguen los trazados de la repoblación y pueblos preciosos, algunos hasta con lengua propia. No sería difícil para los agitadores del nacionalismo encontrar diferencias con sus vecinos y convencer de la superioridad en belleza de estas tierras. Pero no, a pesar de los visitantes que recibe, la población es amable, integradora y directa.
Las lluvias abundantes de junio aliviaron de forma puntual la intensa sequía que las montañas del Prepirineo y del propio Pirineo habían sufrido durante una prácticamente inexistente primavera. Llegamos a las faldas del Aspe (2645m) desde Aísa, al día siguiente de la última gran tormenta de junio. La tierra no puede acumular más humedad y los pastos reflejan un verde casi asturiano en el que las senderuelas dibujan trazados alargados. La preciosa ascensión al Aspe, la cumbre más occidental que ascenderemos esta vez, será una introducción a las dosis de belleza que experimentaremos después. Tras el Aspe, al día siguiente, otro coloso calizo como la Collarada (2886m), con su tremendo desnivel desde Vilanúa, será un buen ejercicio de prueba para nuestras piernas. Ascendemos a un ritmo de unos 600m positivos por hora y para el tiempo de comer ya hemos bajado y nos hemos dado un chapuzón bajo el puente que todavía hoy soporta al “canfranero”, el tren de vía estrecha que se adentra en el valle del río Aragón. Además, en el mismo Canfranc probamos la caliza del valle escalando en el sector de Meses, un lugar mágico con sombra de tarde.



Recuperadas las energías cambiaremos de valle hasta el de Tena, concretamente hasta Baños de Panticosa, un increíble foco de actividad montañera en el que habrá que elegir bien las cumbres que elegimos para evitar las masificaciones. Así pues decidimos subir por los ibones de Labaza hasta coronar la Peña de Xuans (2828m) y desde allí seguir a lo largo del valle de Bramatuero hasta el esquivo Arratille (2900m) y a través de su cresta alcanzar el pico de las Neveras (2892m). Esa noche dormiremos en el refugio de Bramatuero, levantado por interés de Acciona para almacenar su electrónica de control para la hidroeléctrica de los ibones represados y mejorar así su imagen por el impacto de lo anterior. Así pues será de los pocos o, único, refugio libre del Pirineo con luz eléctrica. A la mañana siguiente seguiremos el GR11 por los ibones de Bachimala hasta desviarnos para subir el Garmo Negro (3064m).






Nos despedimos temporalmente de Panticosa hasta el pueblo de enfrente, Piedrafita de Jaca, para coronar el día de mi cumpleaños la imponente Peña Telera (2762m). Como la previsión para los próximos días en altura no es muy adecuada, decidimos continuar hacia el sur hasta la zona occidental de la sierra de Guara, donde llegamos a dormir a Lúsera, un precioso pueblo casi despoblado. Conocemos a Miguel, nacido en Alfaro, con quien compartimos conversación y vino, con la ocasional intervención de los rebuznos de su burro. Al día siguiente nos levantamos con energía para escalar en las cercanas calizas y conocer el pueblo de Nocito y sus espectaculares pozas. Además, las lluvias de junio refrescaron los erizones, o tojos y permitieron una floración masiva de amarillos. Hay quien se marcha hasta Japón para conocer la floración de sus ciruelos, los hay que van hasta el Jerte, pero sinceramente la floración de los erizones de Huesca merece un capítulo aparte.



Saldremos de Guara una vez hayamos conocido el espectacular sector de escalada del Pico del Águila, cercano a Arguis, para, posteriormente seguir la carretera del norte de Guara, la que recorre el río Guarguera. Haremos parada en la iglesia de San Martín de Ortovés, de estilo pre-románico y los pueblos de Artosilla y Aineto, que en los 70 y 80 fueron repoblados por idealistas venidos de otras provincias, mayormente de Madrid. Se instalaron en la vida de comunidad y posteriormente se fueron independizando en casas por un estilo más de familia. Así nos lo cuentan varios de los “supervivientes” que todavía viven en Aineto con los que pasamos un buen rato charlando. Son pocos los que por aquí vienen, nos confiesan, -una vez vino un afilador, nos cuentan como otra rareza ocurrida durante este largo periodo de tiempo.

Desde la preciosa comarca de la Guarguera, cuya densidad de población es ridículamente baja, llegamos a la preciosa Aínsa. Cruce de camino durante siglos, ha albergado en sus alrededores monasterios como San Victorian, en las faldas de la Peña Montañesa, otro gran coloso de caliza (2295m), que ascenderemos entre erizones incendiados de amarillo.

Regresamos al valle de Tena, donde compartiremos los próximos dos días con dos amigos venidos desde Logroño: María y Dani, con los que subiremos al fotogénico Anayet (2545m), el que será su primer contacto montañero en el Pirineo oscense.



Entrenados ya de montaña, decidimos acometer el plato fuerte: el de realizar un buen surtido de tresmiles de Ordesa. Cargados de comida, tienda y sacos de dormir comenzamos desde Bujaruelo con el Taillón (3144m), el Pico Royo (3051m) y los dos Gabietos (3034m) el primer día. Vivaqueamos cerca de la Brecha de Roland para continuar el segundo día por el Casco (3011m), Torre de Marboré (3006m), Espalda de Marboré (3073m), los tres picos de la Cascada (3095m-3161m), el pico de Marboré (3248m), el Cilindro de Marboré (3325m) y el pitón SW del Cilindro (3194m). Esa noche vivaqueamos cerca del lago helado del monte Perdido. El tercer día acometemos temprano la subida al monte Perdido (3355m) por la Escupidera, que a estas alturas del año ya no tiene nieve y en media hora nos plantamos en la cumbre con un viento de unos 80km/h. El viento no anima a continuar la jornada con los tresmiles que nos quedan, algunos con pasos de arista como el Baudrimont NW y decidimos retirarnos a cotas más bajas para volver en otra ocasión, no sin antes subir el Nudillo del Perdido (3176m).












La ocasión se presentará un par de semanas más tarde cuando regresamos, esta vez por el valle de Pineta, para subir al Robiñera (3001m) y al día siguiente meternos los 2.500 metros positivos subiendo a la Espalda de Esparets (3078m), el Baudrimont NW (3045), el pico Añisclo (3259m), el Baudrimont SE (3026m) y la Punta de las Olas (3002m), en una ruta circular a través del collado de Añisclo muy dura para las rodillas. Después de esta sesión de cumbres, casi siempre bañadas en prístinas pozas por las tardes, decidimos dedicar el último día a realizar una ruta más corta para acercarnos a las cascadas del valle de Pineta: las del Cinca y las de La Larri.


Tanto disfrute y tanta belleza y tan cerca de casa, sin necesidad de hoteles, visados, ni vuelos y a un coste total de las vacaciones de unos 200 euros en diésel es difícilmente superable. ¡Qué viva Huesca!









