Sur de Mozambique

De pronto, y sin grandes despedidas, pasamos de convivir casi dos meses con nuestros dos compañeros de viaje a estar solos con la mochila. La seguridad del vehículo que alquilamos nos ha permitido conocer una gran cantidad de lugares increíbles que mediante transportes públicos nos hubiesen llevado seguramente medio año, pero también, de una forma aséptica, nos apartó del contacto con la gente del lugar. Es muy difícil entablar una conversación desde la comodidad y frescura del aire acondicionado del coche cuando afuera hace 40ºC. También es complicado pedir un lugar para acampar cuando te ven montado en un Toyota 4×4, y a los que preguntas apenas tienen dinero para comer. De este modo, la primera parte del viaje se ha caracterizado por conocer entornos naturales salvajes e impresionantes como los que ofrecen Sudáfrica, Suazilandia, Lesotho, Botsuana, Zimbabue y Namibia. Sin embargo, cuando decidimos venir a África esta no era la idea que traíamos en mente. En la balanza, dimos mucha menos importancia a los lugares que a las experiencias personales. Por ello, cuando nos ofrecieron la posibilidad de comprar un vehículo barato en Sudáfrica después de esta primera etapa, decidimos con el corazón y elegimos la incomodidad de las furgonetas abarrotadas de gente, el calor, las moscas y la precariedad; siendo conscientes que esto nos traería también muchas más vivencias inolvidablemente positivas.

Los primeros días solos valoramos el no tener que consensuar las decisiones en grupo, dar explicaciones de lo que se compra para comer o de dónde se duerme. Es también un buen momento para mirar atrás y, con la mente fría, valorar la experiencia de viajar acompañados. Es duro y a la vez muy útil saber que antes del viaje teníamos dos amigos: uno al que conocíamos desde hace muchos años y al otro al que conocía solamente de 5 días. Como a la gente se la puede conocer por sus despedidas, por su gratitud y por sus deudas, después de este viaje nos hemos quedado con un maravilloso amigo en el que podemos confiar, como es Josu, una persona a la que a pesar de haberle robado dos veces en un mes (700 euros en un cajero y la mochila con todas sus pertenencias) ha sido capaz de mirar en positivo todo el tiempo con nosotros.

Vagando por las calles de Johannesburgo, una de las ciudades más peligrosas del mundo y en la que todos desconfían del prójimo, tenemos la sensación de ser niños perdidos. La inseguridad es tal, que la gente no camina por las calles y va a todas partes en coche. Bromeamos pensando que, si algún día se quedan sin combustible, quizá descubran que sus prejuicios raciales son el mayor muro que separa sus vidas. Nos tomamos un par de días en esta ciudad para encontrarnos a nosotros mismos, escribir, descansar y cocinar unas tortillas de patata. Además, tramitamos el visado de Mozambique en el consulado ante la duda de poder realizarlo en la misma frontera (posteriormente comprobamos que a diciembre de 2018 es posible realizarlo en la misma frontera y a un menor coste: 45USD).

Tras este parón en Johannesburgo y con las pilas cargadas nos dirigimos a Maputo, la capital de Mozambique. El centro de Maputo bien podría ser el centro de una ciudad de Europa del Este, con sus edificios de estilo comunista decadente, la estatua enorme de su líder Samora -quien llevó a Mozambique a la independencia de Portugal en 1975- y su economía creciente reciente. En general, no nos gustan las ciudades africanas porque suelen tener muy poco que ofrecer al visitante. Sin embargo, no podemos decir lo mismo de Maputo, donde disfrutamos de varios días tranquilos conociendo el Mercado del Pescado (donde compras primero el pescado en sus pescaderías y después lo llevas a uno de sus restaurantes a que te lo cocinen), el puerto pesquero (Mozambique es caladero de una importante flota pesquera española: prueba de ello, la mayoría de las gambas y langostinos que se comen en España provienen de estas aguas), el fuerte portugués, la plaza de la Independencia, el mercado de artesanía y el paseo marítimo. Paseando por las calles de Maputo, la gente se acerca a charlar con nosotros de forma tranquila, disfrutan de la tarde en la playa o tomando un café en sus terrazas. Sin duda, existe una gran diferencia social y cultural con la vecina Sudáfrica.

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Plaza de la Independencia de Maputo con su líder Samora: pasado y presente

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Puerto pesquero de Maputo, donde se descargan toneladas de pescado a diario

Desde Maputo, nos dirigimos a las playas de Tofo, célebres por albergar en sus aguas una importante presencia de tiburón ballena, que no pudimos disfrutar al ser temporada baja para bucear con ellos. Sin embargo, sí gozamos de un maravilloso día de velero en las aguas de Praia de Barra haciendo snorkel con caballitos de mar, sepias y multitud de peces en el arrecife de coral cercano a las islas de Pansy y de los Puercos.

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Playa de Tofinho, cercana a Tofo. Cuando baja la marea se forman piscinas naturales que recuerdan a salinas

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Playa de Barra donde pasamos un buen día de velero, en el de la izquierda

A bordo de una patera entre Inhambane y Maxixe

A bordo de una patera entre Inhambane y Maxixe

Tras un par de días en Tofo llegamos a Vilanculos, a unos 500km al norte de Tofo. La playa de Vilanculos es una auténtica gozada de arenas blancas, aguas turquesas y barcos de pescadores a vela, que descargan sus capturas a la caída de la tarde sobre la arena ante el bullicio de sus familias. En Vilanculos conocemos a Teresa y Santiago de Segovia, de la edad de nuestros padres, quienes se han tomado un mes largo para conocer este país en transporte público, unos auténticos valientes que mantienen una gran curiosidad y paciencia para viajar así en este país. También conocemos a Iván, Javier y Guillermo de Navarra, que viajan de una forma muy interesante y diferente con sus bicicletas de montaña que montan en el vehículo de alquiler. Así pueden quitarse los trayectos poco interesantes con el coche y, a la vez, adentrarse en zonas aisladas con las bicicletas aun disponiendo de poco tiempo de viaje. Estos titanes navarros se ofrecen a llevarnos un buen rato en su vehículo, todo un lujo en comparación con las “chapas” de Mozambique, furgonetas en las que cargan a los pasajeros como a ganado. Nos separamos de ellos en Muxungue, donde hace un par de años hubo importantes enfrentamientos entre los partidarios del principal partido de la oposición (RENAMO) y el partido dirigente que gobierna el país durante 40 años (FRELIMO); ambos supuestamente comunistas. En esta zona ametrallaron “chapas” y quemaron casas y todavía se pueden ver los restos de los vehículos que quemaron en la cuneta. Obviando estos hechos, les obsequiamos este trayecto con unos ricos anacardos, uno de los cultivos principales de esta zona del país. La economía de esta zona es de subsistencia y los cultivos de mandioca y anacardos dependen de unas lluvias cada vez más inciertas por el cambio climático. Todavía no usan el regadío ni la ganadería, prueba de ello que sigan cazando gacelas, mangostas, ratas y cualquier animal salvaje y lo vendan posteriormente en la carretera.

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Pescadores en Vilanculos. A la caída de la tarde descargan su captura en la playa

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Barco de pasajeros en Vilanculos

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El color del agua en Vilanculos cambia con la marea en función del color del fondo

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Vilanculos desde nuestro camping en marea baja

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Marea baja en Vilanculos

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Tras más de dos meses de viaje, primer corte de pelo que me hace Bea

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Con la captura del día de pesca llega el momento de venderlo

La “chapa” que tomamos tras dejarles va tan cargada de pasajeros y de animales, que cuelgan gallinas vivas de los limpiaparabrisas, lo más cerca que puede estar una gallina de volar. Algunas de las gallinas que llevamos dentro de la “chapa” por el suelo ponen huevos y al bajar del vehículo los pasajeros se llevan su animal y sus huevos. Cada vez que la “chapa” se para a dejar o recibir algún pasajero, multitud de vendedores salen de la cuneta a vender lichis, anacardos, mangos y refrescos, así que en un viaje así se puede conocer los productos de la región que se cruza.

La chapa que nos llevó de Muxungue a Beira

La chapa que nos llevó de Muxungue a Beira con las gallinas colgadas

Nuestra siguiente parada la hacemos en Beira, una ciudad con escaso atractivo de visitar, pero de la que tenemos un excelente recuerdo por la gente que conocemos. Primeramente, nos recibe James en su casa a través de la plataforma de Couchsurfing (nuestra primera vez haciendo esto en África). James es sudafricano afincando en Beira desde hace más de 6 años y es un excelente anfitrión. El par de días que pasamos con él y con Chris, un alemán que estudia la influencia del cambio climático sobre los pequeños agricultores de Mozambique, disfrutamos mucho de las conversaciones con ellos y de la visita el célebre Hotel Central. Este hotel fue el buque insignia de los hoteles en Mozambique y en buena parte de África, pero como muchas cosas en este país se las han dejado caer hasta puntos insospechados. En la actualidad, este hotel de lujo está ocupado por unas 4000 personas que malviven con insalubridad en sus habitaciones lanzando las aguas fecales por sus ventanas. Un poco de casualidad, conocemos también a Pablo y Carlos (gallegos afincados en Beira por Pescanova) y a la novia de Pablo, Sita, (que se dedica a criar cocodrilos por su carne y por su piel, que luego vende a firmas como Loewe o Gucci). Están tan sorprendidos de encontrar a viajeros españoles en Beira (en varios años no han visto a ninguno), que nos invitan a su casa a tomar unas cervezas y tocar la guitarra: invitación que no podemos rechazar y a la que acudimos James, Chris y nosotros pasando una tarde muy entretenida. Al día siguiente tomaremos un vuelo interno desde Beira a Nampula, para así conocer el norte de este bello país, ¡algo que recogeremos en nuestro siguiente artículo!

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Barco hundido en la playa de Beira

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El Hotel Central de Beira: crónica de una decadencia en la que ahora malviven 4000 personas

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En casa de James de Sudáfrica y también con Chris de Alemania

 

6 comentarios en “Sur de Mozambique

  1. No se que tenéis pero sois únicos siempre encontráis alguien que os pueda ayudar en esta vuestra difícil tarea yo creo que tenéis un don especial para contactar con la gente.Que todo os siga como asta ahora. Un beso muy fuerte para los dos y hasta la próxima.

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