Botsuana por libre

Pocos países pueden presumir mejor que Botsuana haber estado habitados durante decenas de miles de años y haber transformado tan mínimamente su entorno natural. Botsuana es el país del pueblo San, también conocido como bosquimano, el grupo humano de cazadores-recolectores que ha prolongado su estancia en el paleolítico hasta hoy. Todavía en la actualidad quedan unos 60.000 bosquimanos, algunos de los cuales realizan su estilo de vida tradicional asentados en el corazón del desierto del Kalahari. Y es que, Botsuana es desierto y también es agua, al albergar el delta del río Okavango. Algo equivalente a que el río Ebro desembocase en la llanura manchega en lugar de en el Mediterráneo, inundando esta llanura sin mar de abundante vida salvaje.

Los primeros 800km de carretera desde Windhoek (capital de Namibia), donde hemos alquilado el Toyota 4×4, y Maún (corazón del delta del Okavango en Botsuana) son una precisa carta de presentación de la demografía del país. Los pueblos, si es que se les puede llamar así, son asentamientos precarios de viviendas construidas con palos y chapas recicladas que se distancian en el horizonte cada 150km. La población de Botsuana no permite grandes aglomeraciones, prueba de ello su censo de 2011 en el que la cifraban en poco más de 2 millones de personas. La baja densidad demográfica humana y, a la vez, la elevada vida salvaje que permite un turismo de safaris de calidad, han hecho de Botsuana uno de los países que más han crecido económicamente en África, aunque con unas desigualdades brutales.

Maún es una ciudad caótica llena de todoterrenos ruidosos en la calle y avionetas sobrevolando el cercano delta. Tras un rato en sus calles negociando el plan de los próximos días y comprando provisiones, nos encontramos con un par de españoles que han venido por tercera vez a este país, los cuales nos ponen al día acerca de lo que ya habíamos sentido organizando el viaje por este país desde España. Cualquiera que planee un viaje en Botsuana por libre podrá comprobar el hermetismo y complejidad de encontrar información fiable al respecto, ya que el 99% de la gente que lo visita lo hace mediante tours organizados.

Desde Maún nos dirigimos a conocer la Reserva de Moremi, que junto con el Parque Nacional de Chobe, protegen institucionalmente la vida del delta del Okavango y constituyen uno de los grandes corredores de vida salvaje de todo África. Tanto a Moremi como a Chobe se pueden dedicar tantos días como a uno le guste (la entrada cuesta unos 6 euros por persona y día) y los safaris se pueden realizar de forma totalmente independientemente en tu propio vehículo respetando la norma de no salir del mismo. Sin embargo, la mayoría de los visitantes opta por visitarlos en tours de lujo en campamentos privados, en los que dormir en tienda de campaña cuesta entre 600 y 4.000 dólares por persona y noche con mínimo de tres noches por reserva. Es por ello, que muchos guías y clientes no miren con buenos ojos a esos barbudos algo sucios que contemplan a su mismo león, habiendo pagado los 6 euros de la entrada y acampado libremente entre los arbustos de la entrada. Personalmente, dedicamos dos días a la Reserva de Moremi: el primero para la zona sur (haciendo una ruta circular desde South Gate hasta Third Bridge) y el segundo para la zona norte (Khwai). La zona sur puede presumir de una densidad increíble de elefantes, jirafas, antílopes, impalas, cebras e hipopótamos, mientras que la zona norte es muy prolífica en leones y leopardos. En Khwai disfrutamos una hora de la presencia de dos leones machos, que remoloneaban tranquilos a pocos metros del coche, una sensación indescriptible. Media hora después, un leopardo que acababa de cazar una gacela fuera de los límites del parque se escondía, temeroso de que le fuéramos a robar su presa, entre los juncos a tan solo un par de metros de nosotros. La conexión que se establece cuando un leopardo te mira fijamente no se olvida tan fácilmente. Como si estuviésemos en un documental, una hora después contemplábamos a un par de leonas lanzar un ataque (sin éxito) sobre unos rápidos impalas. A lo lejos, los elefantes se rociaban con barro mientras las jirafas paseaban elegantemente. Para un servidor, que todavía se sigue emocionando al ver a un ciervo correr en España, un día así no se puede pagar con dinero.

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Elefante macho fuera de los límites de Moremi South Gate

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La cantidad de jirafas que pudimos ver en Moremi se podría contar por cientos

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Los hipopótamos son temidos en África por la cantidad de muertes que causan. Viendo su boca más vale no jugar con ellos

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El corredor Moremi-Chobe presenta la mayor migración de cebras del mundo con 60.000 ejemplares

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Atardecer desde nuestro lugar de acampada libre fuera del parque

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Pareja de leones macho en Moremi North Gate

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Leona de caza. Poco después lanzó su carrera sobre los impalas fallando en el intento.

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Vistos de forma relajada los leones pueden parecer inofensivos pero casi todos los años algún visitante cae en sus fauces

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Leopardo con su presa fuera de los límites de Moremi en el pueblo de Kwuai

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La mirada de un leopardo no se olvida fácilmente

Una de las cosas más sorprendentes de los parques en Botsuana es que los animales no están cercados, a diferencia de lo que ocurre en Sudáfrica y Suazilandia y, por lo tanto, pueden desplazarse con total libertad fuera de la reserva. Esta misma norma de no cercarlos aplica a los campamentos dentro de los parques, donde cada noche los animales se pueden pasear libremente entre las tiendas, como fue nuestro caso cuando escuchamos la respiración de una hiena a escasos pasos de nuestra tienda, o el ensordecedor bramido de los elefantes, confiando que no decidiesen pasar justo por donde estábamos tumbados.

Además de la obligada visita a Moremi, cerca de Maún merece la pena dar un paseo en mokoro, la barca tradicional del delta del Okavango propulsada empujando con un palo sobre el fondo, a modo de góndola. Nosotros optamos por la cooperativa comunitaria Okavango Kopano Mokoro Community Trust que emplea a bosquimanos como guías y remeros, proporcionándoles unos ingresos extra a su economía de subsistencia.

Paseo en mokoro por el delta del Okavango (unos 12 euros por 3-4 horas)

Paseo en mokoro por el delta del Okavango (unos 12 euros por 3-4 horas)

Desde Maún ponemos rumbo hacia el este para conocer los salares de Makgadikgadi, uno de los mayores complejos de salares del mundo formados al secarse el lago Makgadikgadi hace milenios, con una extensión total de unos 16.000 km2 (la superficie de tres veces La Rioja española). La mayor parte del año estos salares destacan en el horizonte como una superficie blanca de sal absolutamente plana, donde el intenso sol del mediodía solamente se puede esquivar bajo la sombra de los baobabs de la mágica isla de Kubu, situada en su centro. Por cierto, un árbol, el baobab, respetado y protegido en Botsuana y buena parte de África.

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Bea en la isla de Kubu con baobabs milenarios

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Los baobabs, llamados mowana en Botsuana, son árboles protegidos en este pais

Desde los salares de Makgadikgadi, a los que se accede dando tumbos a lo largo de más de 100 km de pistas de arena y poblados de pastores, continuamos nuestra ruta a través del desierto del Kalahari para llegar a la ciudad de Kasane. Se podría decir que Kasane es la población más turística de Botsuana al ser la puerta de entrada del Parque Nacional de Chobe y el punto más cercano para llegar a las Cataratas Victoria entre Zimbabue y Zambia. Como en un viaje es muy saludable el contraste, decidimos pasar del desierto a las cataratas Victoria del río Zambeze. En este caso, negociamos con un taxista que nos acerque a la frontera para así evitarnos pagar el sobrecoste de cruzar con nuestro vehículo. Allí, tras un buen rato negociando otro transporte llegamos a Victoria Falls, la ciudad construida en torno a las cataratas que el explorador Dr. Livingstone dio a la fama en Europa, ya habiendo sido referenciadas en occidente con anterioridad. Los nativos las llamaban con mucho más acierto que su aburrido nombre actual, Mosi oa Tunya: el “humo que truena”, explicado por el spray de agua que es proyectado hacia arriba y que es visible a gran distancia.

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Cataratas Victoria desde el lado de Zimbabue

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Cataratas Victoria

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Hotel Victoria Falls, donde entramos a ver las instalaciones con habitaciones para presupuestos de lujo. Todavía nos quedan unos cuantos kilómetros hasta El Cairo

Tras esa breve incursión en Zimbabue para ver las cataratas, nos adentramos nuevamente en otra de las joyas de Botsuana, el Parque Nacional de Chobe. Si tuviera que recomendar un parque nacional para hacer un safari en África, no dudaría un segundo en recomendar este parque por su nivel de salvajismo y espectacularidad. Dentro de este parque se han rodado una buena parte de los documentales de vida salvaje que todos conocemos y es famoso por albergar la mayor concentración de leones y elefantes de todo el continente: concretamente 130.000 elefantes y la mayor migración de cebras del continente con 60.000 ejemplares. No menos enorme es la cantidad de búfalos, jirafas, antílopes e impalas. Casualidades del destino, coincido mientras escribo estas líneas con Hansonn, el dueño de uno de los campamentos dentro de este parque y de varios lodges de lujo en el sur de África, un sueco de 60 años que lleva media vida viajando por África. Tras tres horas de preguntas por mi parte y hablarme de David Attenborough como si fuese su cuñado, me cuenta lo último que graba la BBC en este parque, los únicos leopardos que han aprendido a pescar – teniendo en cuenta la fobia de los felinos por este medio-, documental que está costando grabarse más de dos años. Otro de los asuntos que tocamos es el de las fincas privadas de caza de grandes animales, un tema poco conocido en occidente. En la actualidad existen más de 1.400 fincas de caza privadas en Sudáfrica, 1.100 en Namibia y 50 en Botsuana, constituyendo una industria en torno al asesinato, que no caza, de leones y elefantes. A los clientes se les muestra un dosier con sus animales y su nombre coloquial, con el precio que tiene cada uno. En muchos casos se libera al animal a pocos metros del tirador, quien vestido de Cocodrilo Dundee dispara a bocajarro. Por una hembra de león se suele pagar unos 5.000 dólares, mucho menos que un león macho con la melena oscura: unos 30.000 dólares. Desde aquí, todo mi desprecio hacia este tipo de personas. Hansonn coincidió con el rey Juan Carlos en Botsuana en un par de ocasiones, lo que describe como la era dorada de los safaris de caza. Hoy dice: – la situación no es tan divertida. La caza de leones ha roto el equilibrio del ecosistema al permitir la proliferación de herbívoros, los cuales arrasan los pastos y degradan el suelo, consecuencia de esta matanza desmedida.

En Chobe visitamos el área conocida como Savuti, la que es considerada como la zona más densamente poblada de animales salvajes del parque. Sin embargo, la ausencia de puntos de agua; consecuencia de una temporada seca demasiado larga que se estira hasta noviembre, hace que nuestra experiencia en Savuti no sea como esperábamos que fuese. No así, la zona de Ihaha, dentro del mismo parque, nos sorprende por la gran abundancia de animales que buscan las aguas de los ríos Linyanti y Chobe.

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Fauna de Savuti, Parque Nacional de Chobe

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Ñu en Chobe

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Al mediodía, cuando el calor es insoportable, los elefantes acuden de uno en uno a refrescarse a las charcas

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Elefante e hipopótamo compartiendo el escaso agua que queda en Savuti a finales de la temporada seca

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Zorros jóvenes Halale, Parque Nacional de Chobe

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Cebra escapando de los cocodrilos en el río Linyanti, Parque Nacional de Chobe

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Familia de babuínos en Halale, Parque Nacional de Chobe

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Jirafas próximas al campamento de Halale

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Atardecer en Moremi North Gate

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Panorámica del río Chobe

Desde Chobe conducimos a lo largo de la Caprivi Strip, una pequeña franja de tierra namibia entre Angola y Botsuana. Tenemos que parar varias veces en esta carretera para dejar paso a los elefantes, que cruzan libremente entre países sin necesidad de pasaporte. Nuestra siguiente parada es las colinas de Tsodilo, al noroeste de Botsuana. Este lugar es célebre por albergar 4.500 pinturas rupestres de hasta 24.000 años de antigüedad del pueblo bosquimano.

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Acampando en la frontera entre Namibia y Botsuana

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Pinturas rupestres de los bosquimanos en Tsodilo

Pinturas rupestres de Tsodilo Hills, la Capilla Sixtina del Kalahari

Pinturas rupestres de Tsodilo Hills, la Capilla Sixtina del Kalahari

Llegamos atardeciendo a la frontera entre Namibia y Botsuana, la cual se encuentra cerrada hasta el día siguiente. Preguntamos a los oficiales de fronteras si nos permiten acampar allí y, cuál es nuestra sorpresa, cuando nos facilitan las instalaciones policiales de la frontera para que acampemos tranquilos. A la mañana siguiente recorremos, bajo un sol de justicia, el sendero del rinoceronte en Tsodilo, el cual recorre algunas de las pinturas rupestres más destacadas de rinocerontes, escenas de caza y pesca e incluso de animales marinos como focas y ballenas, a pesar de la gran distancia a la costa Atlántica. Desde la tierra de los bosquimanos, ese pueblo que ha permitido que hoy se pueda seguir disfrutando de la vida salvaje en su plena dimensión, no podemos evitar estar orgullosos que todavía sigan existiendo lugares así. ¡Bravo!

Consejos:

  1. Las empresas de tours reservan prácticamente el total de la oferta de campamentos dentro de los parques nacionales con la esperanza de alquilarlas después, dejando al viajero por libre en muchas ocasiones sin plaza para dormir aun con muchos meses de adelanto. Hecha la ley, hecha la trampa. Según pudimos comprobar, una vez dentro del parque nacional es tan sencillo como acercarse a la caída de la tarde a los múltiples campamentos (todos ellos privatizados por el Estado) para comprobar que disponen de oferta aun habiéndonos asegurado con antelación que estaban 100% llenos. A la salida del parque nacional es tan sencillo como pagar la tasa diaria correspondiente al segundo día en efectivo y asunto arreglado.
  2. Las compañías de alquiler de vehículos 4×4 pueden ser muy piratas. Nosotros pedimos oferta a más de 20 compañías y en ninguna nos enviaron las condiciones específicas del contrato y del seguro, algo que es muy recomendable de solicitar antes de contratarlo. En nuestro caso, estas condiciones de alquiler no permitían conducir de noche, ni una hora antes y después del amanecer y atardecer, ni por carreteras con codificación (el caso de casi todos los caminos dentro de los parques nacionales) y un largo etcétera. Los vehículos están dotados de un geolocalizador que puede ser usado en tu contra en caso de daños al vehículo aun contratando el mejor seguro disponible. En caso de daños al vehículo por negligencia, algo que para lo que nuestra compañía Savanna Car Hire en Windhoek establecía como golpear la rama de un árbol o salirse de la calzada, hechos muy frecuentes, en el contrato se indica que se cobrarán 9.000 euros más los costes de reparación. Lo dicho, mirar estas condiciones antes de soltar un duro y si es posible contratar el seguro que permita dejar el mínimo de fianza, ya que si ocurre cualquier desperfecto la fianza se pierde. En caso de injusticia, siempre queda la posibilidad de dejar el coche de noche, bloquear la tarjeta de crédito y cuadrar bien el vuelo de vuelta 😉
  3. Las cataratas Victoria se pueden visitar desde Kasane por libre contratando un taxi por 1.5 euros hasta la frontera, más luego 6 euros por trayecto hasta las cataratas en taxi compartido (después de negociar el precio).
  4. Para recorrer Botsuana merece la pena alquilar un 4×4, siempre que las condiciones de contrato y seguro convenzan. Con un vehículo normal no se puede acceder a los lugares por los que realmente merece la pena adentrarse en Botsuana como son Moremi, Chobe e isla de Kubu. Si se hace con vehículo normal, después se tendrán que contratar tours para conocer estos lugares a precio de riñón.
  5. Botsuana es un país ideal para la acampada libre. Nosotros lo practicamos todas las noches menos dos noches que habíamos reservado desde España en un campamento. No vimos a nadie haciéndolo, pero la densidad de población es tan baja, que buscando buenos sitios es una forma excelente de encontrar aventura. Según nos dijeron, no es del todo legal, pero las probabilidades de que te vean madrugando un poco son muy bajas.
  6. Si se practica la acampada libre, es posible conseguir un cierto confort entrando a los lodge (ejemplo, Chobe Safari Lodge en Kasane), tomarse una cerveza y darse un chapuzón en la piscina. A diferencia de otros lugares, en Botsuana se permite el acceso al bar aunque no se duerma en el lugar. Como el bar y la piscina no quedan muy lejos, que cada uno decida 😉

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