Costa Oeste de África: Sáhara Occidental – Etapa 1

Quizá la ternura del sol de enero, la primavera temprana del azahar, los aguacates y las papayas, las paellas y fideuás, el encalado blanco de los pueblos andaluces y el disfrute de pasar un mes en una casa preciosa en la sierra de Coín en Málaga no sean el mejor entrenamiento para el viaje que nos espera en unos días, el de recorrer más de tres mil kilómetros a lo largo de la costa oeste africana entre el Sáhara y Liberia.

Dajla, o Villa Cisneros, en la antigua provincia española del Sáhara Occidental nos abre la línea de salida de esta aventura. Ahí llegamos gracias a la reciente conexión con Ryanair, en vuelo directo desde Barajas, por apenas 30 euros, casi lo que nos cuesta el autobús a Madrid desde casa. Caminando desde el aeropuerto a lo largo del paseo marítimo de Dajla, llegamos al primer y único alojamiento que hemos reservado para el viaje: un hotel sencillo y ruidoso, a partes iguales, cuyo gerente nos recibe con una enorme sonrisa. Dajla está ubicada casi en el extremo de una larga península de cuarenta kilómetros de largo por uno de ancho. Hoy en día, el tramo de mar entre esta península y el continente es un destino de clase mundial para los amantes del kite-surf, mientras que la costa exterior de la península es famosa por sus olas para el surf. Dejamos las mochilas en el hotel; esta vez de unos seis kilos cada una: tienda de campaña, esterilla, saco sábana, toldo, hornillo multi-fuel, cazuela y un par de camisetas y pantalones trotados como prendas de mercadillo de segunda mano constituyen lo que viene siendo el equipaje habitual de estas aventuras. Conseguimos algunos dírhams y tras el canto de la oración del atardecer buscamos un sitio donde echar un bocado. Un garito sencillo de estudiantes se ofrece como la mejor opción: limpio y barato. En ese momento no lo sabíamos, pero echaríamos de menos un restaurante así durante muchos, muchos kilómetros.

Península de Dajla desde el avión

Nos tomamos el día siguiente como aclimatación al terreno y recorremos caminando la larga avenida de Dajla, todavía en construcción y jalonada de edificios nuevos de distintas instituciones públicas marroquíes. Las banderas de Marruecos inundan estos edificios y la avenida, por si hubiera la más remota duda de quién manda ahora aquí. El Sáhara posee las mayores reservas conocidas de fosfatos, mineral absolutamente necesario para la producción de fertilizantes agrícolas. El abrazo de China, con inversiones de hasta 18.000 millones de euros en este país, “nada” tiene que ver con estas reservas tan importantes para liderar la agricultura mundial. Como iremos viendo a lo largo de este viaje, los recursos de esta costa son realmente increíbles, algo que según avancemos más al sur irá en detrimento de la calidad de vida de su gente. Así entre bandera roja y bandera roja vamos saliendo de Dajla, mientras el paisaje se torna menos apetecible para caminar. Hacemos autoestop y se cumple la vieja regla del autoestopista: cuanto más viejo sea el coche, mayores las posibilidades de éxito. Dicho y hecho, y al tercer intento para un Mercedes 190 diésel de los 80. Le preguntamos en francés a dónde se dirige. Él nos contesta en perfecto español – ¿y vosotros? – La verdad es que no sabemos, pero nos gustaría recorrer un poco esta península. – Estáis de suerte, es mi día libre, me apetece conducir y desempolvar mi español-,-que por cierto era el idioma oficial en esta provincia entre 1958-76. De una forma tan sencilla como esta pasaremos el día conociendo, de primera mano con Mohammed, de unos sesenta y muchos, la historia del lugar. Nos acerca a la zona de los campamentos de kite-surf, en la unión de la península con el continente, donde docenas de europeos practican este deporte favorecido por el viento laminar que barre sin descanso esta costa. Muchos de estos campamentos están regentados por franceses y ofrecen planes todo incluido de una semana en estas aguas y en estos vientos. Pero también hay muchos otros que vienen en casas de cuatro ruedas: unas cien autocaravanas, la mayoría francesas, constituyen la que probablemente sea la mayor concentración de estos vehículos en toda África.

La gran mezquita de Dajla
Bea en la playa PK25 con la isla del Dragón al fondo, Dajla
Flora del desierto, PK25, Dajla

Mohammed se dedica al pulpo, pero al pulpo a lo grande. Tiene 20 barcos y muchos trabajadores. A pesar de las limitaciones que pone Marruecos a su pesca, -para intentar evitar esquilmarlo del todo-, después sabremos que buena parte de este pulpo sale camino de Mauritania, principal “caladero” y también exportador mundial de pulpo: mucho del cual acabará como pulpo a la gallega en España. Para que probemos el fruto de su trabajo, nos acompaña al restaurante de un compadre suyo con vistas al mar para tomar tajín de pulpo. Después de comer nos acercará de vuelta a la zona de los mercados de Dajla. Por más que le queremos invitar a comer o tomar algo, no se deja y nos repite lo contento de haber pasado su día libre recordando lo que fue y no será. El placer es mutuo.

Fuentes en el centro de Dajla
El fruto del trabajo de Mohammed, mercado de Dajla
Primer día y Bea ya con henna en las manos

Al día siguiente tomamos un autobús a Guerguerat, en la frontera con Mauritania. El paisaje de arena blanquecina barrida por el viento, salpicado de plantas que parecen secas, en las que se quedan agarrados plásticos de colores como banderas tibetanas, y la costa difuminada por la bruma se mantienen durante los casi 400 kilómetros de recorrido, solo interrumpido por alguna pequeña población aquí y allá. Hipnotizados por el paisaje, despertamos del letargo porque dos jubilados españoles, los únicos otros europeos del autobús, le indican al conductor que se quieren apear, consiguiendo parar el autobús en la cuneta. No se hacen entender muy bien y les intento ayudar. No comprendemos el motivo de querer apearse en medio de un paisaje así, sin apenas circulación y nos dicen que han leído una guía de viajes que dice que hay un oasis con peces que quieren conocer. -¿Oasis aquí? ¿con peces?-, les pregunto con la mayor intriga. Sí, sí, es justo aquí. Desconfiando de su orientación miramos en nuestro GPS y efectivamente comprobamos que hay un oasis a unos 40 km desierto adentro. ¿Lleváis agua? – Sí, señalando su botella de 30cl. – Bueno, entonces creo que debéis continuar hasta una población y buscar un 4×4 que os pueda llevar. – Nos gusta caminar, nos dicen. -Bueno, y a nosotros, pero creo que no es una buena idea que vayáis solos, sin agua y sin saber dónde se encuentra. El conductor se muestra impaciente y eso ayuda a que continuemos el viaje hasta una pequeña población, donde finalmente se quedarán. Les deseamos buena suerte y les recomendamos que si nada funciona vuelvan haciendo autoestop. Cuando arrancamos le pido al conductor que por favor pare en su camino de vuelta esa misma tarde, por si acaso no han tenido éxito en el oasis o en el autoestop.  -Vaya par de ejemplares, comentamos, como si nosotros no lo fuésemos en la aventura que nos espera para estas vacaciones.

6 comentarios en “Costa Oeste de África: Sáhara Occidental – Etapa 1

  1. Gracias por compartirlo, he viajado mucho por esta zona, pero siempre desde la comodidad de mi 4×4, en 2009 bajamos hasta Ghana, Togo y Benín, pasando por Mauritania, Senegal, Mali y Burkina. Hace dos años fue el último viaje, Mauritania, Senegal y Guinea Bissau. Así que estaré expectante para leer vuestra crónica.

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