Descubriendo las mesetas españolas

Estepas. Casas de piedra arracimadas al calor de iglesias de tiempos pasados.  Cereales imberbes y girasoles mudos. Colores pardos, verdes y amarillos. Una definición imprecisa para aquellos que todavía no conozcan algunos de los encantos de las mesetas españolas.

La ruta que ahora descubrimos no es en absoluto nueva. Durante el periodo de 1170 a 1212, Alfonso VIII, rey de Castilla, con unas ansias muy diferentes a las nuestras reconquistó una buena parte de estos mismos terrenos a los almohades, unos terrenos bastos, de fortalezas, intrigas y alianzas.

1. Sigüenza y Molina de Aragón

Comenzamos nuestra ruta en Sigüenza (Guadalajara), Segontia en la época romana, ciudad clave junto con Segóbriga de la Hispania peninsular que, por cierto, fue reconquistada por el obispo Bernardo de Agén, en un tiempo en el que los obispos blandían la espada. Su trazado medieval, el castillo, el ayuntamiento y la catedral son un buen punto de partida para nuestra ruta. Desde aquí nos dirigimos hacia Molina de Aragón, no sin antes colarnos en las ruinas del castro celtibérico del Ceremeño, del siglo V a.C.

Castillo medieval de Sigüenza
Castro celtibérico del Ceremeño

Poco antes de llegar a Molina de Aragón, tomamos un desvío hacia el Barranco de la Hoz. Las paredes de arenisca del barranco son probablemente las más altas de este tipo de roca de la península Ibérica y sus vías de escalada rezuman el estilo y el ambiente de sus homónimas del Oeste americano. La leyenda cuenta que a orillas del río Gallo y en una grieta de esta roca se apareció la virgen a un pastorcillo, motivo para levantar el Santuario de la Virgen de la Hoz. Un lugar perfecto para perderse, sin cobertura de móviles y sin apenas vehículos. Es en este punto donde la furgoneta decide dejarnos tirados. – ¿Será la batería?, nos preguntamos. Tras 10 minutos de espera pasa el primer vehículo, que se ofrece a llevarnos al primer pueblo. Allí un vecino nos deja unas pinzas para la batería y regresamos caminando los 3 km que nos separan del vehículo. Poco antes de llegar, un vehículo al que no hacemos la señal de autostop echa marcha atrás, baja la ventanilla y nos pregunta si necesitamos ayuda, ya que nos han visto caminando con las pinzas. Con ese mismo vehículo comprobaremos que no es un problema de batería y que tendremos que llamar a la grúa. Ellos mismos nos llevarán de vuelta a un sitio con cobertura para llamarla. Comprobamos que el autostop sigue siendo posible en España, como ya vimos el año pasado a nuestro regreso desde Estambul a casa por carretera. Parece que en época de pandemia también lo sigue siendo.

Santuario de la Virgen de la Hoz, Barranco de la Hoz
Barranco de la Hoz, uno de los lugares insólitos de Guadalajara
Cabras montesas en el Barranco de la Hoz

La historia de la furgoneta termina cuando un mecánico rumano de Molina de Aragón, que ya se encuentra cerrando el negocio, al explicarle el problema del vehículo sonríe y nos dice, es un problema de la llave que ha activado el sistema antirrobo. Nuestra mente se aviva cuando descubrimos que el concesionario más cercano está a más de 100 km de distancia, en Teruel. Abrimos la llave, limpiamos el circuito electrónico y la furgoneta vuelve a ser fuente de libertad. Todavía nos queda tiempo para ver el atardecer sobre el castillo de Molina.

Atardecer desde el puente viejo de Molina de Aragón

2. Alto Tajo

El parque natural del Alto Tajo es un gran desconocido y un destino espectacular para recorrerlo a pie o en bicicleta, acampando libremente a la orilla de un Tajo virgen y limpio, un Tajo que nada tiene que ver con el de su desembocadura en Lisboa. El salto de Póveda de la Sierra y la laguna de Taravilla a través del GR113 nos ofrecen colores del agua y lugares para bañarse impresionantes. Cerca de este lugar se puede visitar la Mina Romana, ubicada en Cueva del Hierro, ya en la provincia de Cuenca, que no conseguimos conocer al encontrarse cerrada.

GR113 a lo largo del Río Tajo
Salto de Poveda de la Sierra
Laguna de Taravilla

3. Nacimiento de los ríos Cuervo y Trabaque

Los Montes Universales de Cuenca y Teruel esconden algunos de los lugares más remotos de España, con kilómetros y kilómetros de pistas de tierra, carreteras estrechas, pueblos muy distantes y densidades de población inferiores a las de la Laponia de Suecia. Es en estos montes donde se encuentran los últimos pastores trashumantes del país, los cuales recorren al ritmo de las ovejas, todavía hoy, el camino hasta los pastos de la Sierra Morena de Jaén. Vale la pena ver el fotorreportaje de El País de marzo de 2020 de estos últimos nómadas (link aquí), seguro que envidiados por muchos durante el confinamiento. Al igual que en la Laponia nórdica, las coníferas pueblan la inmensidad de este territorio todavía salvaje y en una nuestra opinión increíble. En esta zona conocemos el nacimiento del río Cuervo, bastante accesible para el turismo y también el desconocido nacimiento del río Trabaque. A este último llegamos de casualidad, tras caminar hora y media a través de una dehesa de robles y sabinas y cuando ya dudábamos de su propia existencia. A la orilla de la remota y abandonada aldea de Casas del Olmo, un recién nacido río Trabaque se precipita 20 metros sobre una torca de caliza antes de perderse hasta un horizonte de pinares. Un lugar donde el espacio y el tiempo se funden en un silencio sepulcral, un bien muy raro en la actualidad.

Nacimiento del río Cuervo
Nacimiento del río Trabaque

4. Torcas de los Palancares y Lagunas de Cañada del Hoyo

Tras recorrer Cuenca capital, los pinares de sus alrededores esconden la existencia de más de 20 simas calcáreas, las Torcas de los Palancares, algunas de más de 200 metros de diámetro y de hasta 100 metros de profundidad. La vegetación de su interior y sus muros verticales son el hogar de una fauna y flora única y diferente a la de la superficie. Es un paisaje que, en fotografía aérea, puede recordar a un terreno bombardeado, como los que visitamos en la Normandía francesa. El territorio de las Torcas se conoce como Tierra Muerta, algo que refuerza esa imagen del bombardeo. Las cercanas lagunas de Cañada del Hoyo, simas inundadas, merecen una visita obligada en esta ruta. Concretamente, en la laguna de La Gitana se produce un fenómeno químico extraño durante el mes de julio al precipitar el carbonato cálcico con el cambio de temperaturas, lo que tiñe de blanco a esta laguna de aguas turquesas.

Cuenca
Torca de la Reina, Torcas de los Palancares
Laguna de la Gitana, Laguna de la Cañada del Hoyo
Colores turquesas en lagunas de la Cañada del Hoyo

5. Chorrera del río Cabriel

Desde las aguas turquesas de las lagunas de Cañada del Hoyo, a unos 50 km se encuentra la Chorrera del río Cabriel, un lugar que debe ser conocido fuera de temporada y preferiblemente no en fin de semana para evitar una excesiva presencia de Homo Ibericus con neveras azules y pack de 12 cervezas al hombro. Sus pozas y cascadas de color caribeño lo convierten en un lugar de baño magnífico.

Chorreras del río Cabriel
Chorrera del río Cabriel

6. Villa romana de la Noheda

A pocos kilómetros de Cuenca también, hace unos meses fue anunciada la apertura al público de la Villa romana de Noheda, actualmente gratuita y explicada por personal del equipo de arqueología, en verdad del 5% excavado de las 10 hectáreas de la misma. Los mosaicos figurativos del Triclinium de invierno (sala de recepciones con calefacción de suelo radiante), -el Triclinium de verano está por descubrir todavía-, de esta villa tardo-romana (siglo IV) son en calidad y tamaño de los mejores de todo el Imperio. Después de haber conocido mosaicos impresionantes en otros yacimientos romanos de Chipre, Israel, Turquía, Jordania, Italia, Serbia y España (la villa Olmeda), los mosaicos de Noheda se encuentran a otro nivel. Quizá sean sus 3 millones de teselas, algunas recubiertas de pan de oro y otras traídas desde Egipto, el juego de sombras y perspectivas, representaciones únicas de instrumentos musicales que se desconocía su forma como el órgano de agua, o los 30 tipos de mármol oriental de sus termas, hacen de esta villa algo excepcional.

Mosaicos de la Noheda
Única representación romana del órgano de agua
Detalles del mosaico de Noheda

7. Molinos de viento de Campo de Criptana

Desde Cuenca cruzamos a la vecina provincia de Ciudad Real, escenario de la primera parte de El Quijote. Varias de las escasas colinas que se elevan sobre la llanura manchega de Ciudad Real están jalonadas por molinos de viento. El capítulo VIII de El Quijote, comienza “En esto descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel Campo”. Así pues, nos dirigimos a ese Campo, Campo de Criptana.

Molinos de Campo de Criptana
Molinos de Campo de Criptana

8. Tablas de Daimiel y Motilla del Azuer

A pocos kilómetros de Daimiel, el agua continúa siendo la protagonista de la meseta manchega, con estos dos lugares insólitos. El primero, las Tablas de Daimiel, es célebre por ser una de las paradas más importantes en la migración de las aves desde Europa antes de atravesar el Sáhara. En peligro por la caída del nivel freático del acuífero 23, consecuencia del regadío y de unas precipitaciones cada vez más escasas, este parque nacional ha estado varias veces en peligro de existencia, una de ellas en la actualidad, al desaparecer su área inundada y entrar en combustión espontánea sus turberas milenarias.

El segundo lugar, la Motilla del Azuer, con 4.200 años de historia, es claramente el pozo más antiguo de la península Ibérica. Fortificado a nivel máximo y todavía en perfecto uso, este pozo da una idea de la importancia que el agua tenía y sigue teniendo para la supervivencia en la llanura manchega.

Vista aérea de la Motilla del Azuer

9. Lagunas de Ruidera

El parque natural de las Lagunas de Ruidera ocupa un lugar importante en mi vida, al haber sido el lugar donde he veraneado desde niño, al tener mis abuelos un piso allí. Por ello, es difícil ser objetivo en un lugar en el que he vivido tantas experiencias maravillosas. Este conjunto de 16 lagunas de origen tobáceo, es decir, formado por la precipitación de la cal del agua en plantas y rocas, salva un desnivel de más de 100 metros mediante cascadas entre ellas y constituye el nacimiento del río Guadiana. Un sinfín de lugares de baño, miradores y paseos recorren este paraje, cuya visita es ideal realizarla en septiembre o junio y entre semana, para disfrutarlas en su plenitud.

Salto entre la laguna Redondilla y laguna Lengua
Ruta de los Miradores, lagunas de Ruidera
Atardecer en la laguna Colgada

10. Tras las huellas del Lince Ibérico: Salto de la Cimbarra, Despeñaperros y sierra de Andújar

El lince ibérico es el felino más amenazado del planeta. Su recuperación está suponiendo un auténtico reto para multitud de personas implicadas en que este felino vuelva a vivir tranquilo en las sierras y llanuras de la submeseta sur.

El desconocido Salto de la Cimbarra, ubicado en la localidad de Aldeaquemada (Jaén) y Despeñaperros son lugares donde es posible encontrarse con algún lince. El requerimiento para la subsistencia del lince de que la abundancia de conejos sea alta y, que, por otra parte, el conejo sea muy deseado en la caza menor, hacen de su recuperación un tema conflictivo. Como nota, el gigantesco aeropuerto de Ciudad Real, planeado como aeropuerto de apoyo para Madrid-Barajas y hoy en día sin vuelos comerciales, recibe únicamente vuelos chárteres de cazadores de medio mundo buscando los conejos y las perdices de estas tierras. Sin embargo, para ver linces en libertad con mayor probabilidad, la Sierra de Andújar es el mejor lugar. Concretamente, la pista que da acceso a la presa de la Jándula, a pocos kilómetros de la misma, es un conocido lugar para varias empresas que organizan safaris para ver linces. Las rocas de granito y las jaras sirven de refugio a este animal tan esquivo. Mientras que el mejor mes para ver el lince es enero, por los chillos que emiten, septiembre es idóneo para ver las docenas, creo que centenas, de ciervos y gamos de esta Sierra durante la berrea. Por otra parte, el cercano castillo árabe de Baños de la Encina se considera el mejor conservado de España.

Salto de la Cimbarra, Aldeaquemada, Jaén
Berrea en Andújar
Castillo árabe de Baños de Encina

11. Sierra de Segura y Cazorla

Para terminar el recorrido, decidimos volver a los nacimientos de los ríos. Primeramente, conocemos el nacimiento del río Mundo, uno de los ríos con un nombre más bonito, en la Sierra de Segura de Albacete. Desde aquí, nos dirigimos al nacimiento del río Barosa y a la laguna de Valdeazores, ambos espectaculares.

Nacimiento del río Mundo
Zorro curioso en Cazorla
Salto de los Órganos, río Barosa, Cazorla

Con un helado baño en la poza del Salto de los Órganos del río Barosa ponemos el colofón perfecto para una ruta en el que esa imagen mental de colores pardos y amarillos de las Mesetas Ibéricas debería incluir una gama de colores mucho más amplia. O eso hemos intentado.

8 comentarios en “Descubriendo las mesetas españolas

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