Cabo Verde

Conectamos Santo Tomé y Príncipe con Cabo Verde vía Lisboa, que, sin ser la opción más corta en distancia, sí lo es en tiempo y también la mejor para el bolsillo. Según aterrizamos en Praia, la capital de Cabo Verde, comprobamos por qué este país de África del Oeste, ubicado frente a Senegal y Gambia, es su “Suiza” particular. Ningún otro país de esta región tiene un nivel de vida semejante, que en muchos casos se pueda parecer al de sus vecinas islas Canarias hace algunas décadas. Desde Praia ligamos  otro vuelo para llegar a  la isla de San Vicente, desde donde tomamos un ferry hasta la isla más Occidental, la de Santo Antao, a la cual por su orografía rocosa y montañosa se tiene que acceder por mar.

Camino de Santo Antao desde Mindelo, San Vicente

Una multitud de senderistas franceses, en su mayoría peinando canas, también se dispone a tomar el mismo ferry que nosotros. Bastones de treking, olor a crema solar y mochilas relucientes destacan sobre la cubierta del ferry entre “bonjour” y “bonjour”. Según desembarcamos en Porto Novo, la capital de Santo Antao, una legión de furgonetas Toyota Hiace nuevas, algo impensable en los países de enfrente, recogen a los senderistas franceses y se los llevan a sus respectivos hoteles, todo previamente organizado por agencias. Nosotros esperamos religiosamente dos horas a que nuestra furgoneta pública, aquí llamadas «aluguer», se llene de pasajeros para llegar al extremo opuesto de la isla, Cruzinha, un pequeño pueblo ubicado en la costa ventosa de la isla y punto de partida para realizar una bonita caminata bajo los acantilados volcánicos colgados sobre el mar, la que une Cruzinha con Ponta do Sol. Unas nubes grises amenazan con lluvia y aprovechamos para comer en un pequeño restaurante, en el que nos preparan unos huevos fritos con patatas, que nos saben a gloria. Bien comidos vamos recorriendo este camino, levantado roca sobre roca, sorteando las debilidades del acantilado para realizar una travesía de unos 20 kilómetros entre pueblos. Si algo tengo claro es que quien levantó estos caminos rocosos de Cabo Verde tenía algún tipo de parentesco con los que hicieron los caminos bereber del Atlas. Las vistas del mar picado por las olas, la vegetación de paisaje árido y el paisaje aterrazado y cultivado en torno a los valles con agua, donde los burros pastan plácidamente, nos hacen olvidar rápidamente a la muchedumbre del ferry de la mañana.

Comenzando la ruta entre Cruzinha y Ponta do Sol
Caminos de piedra sobre el mar entre Cruzinha y Ponta do Sol
Costa norte, la «ventosa» de Santo Antao entre Cruzinha y Ponta do Sol
Agricultura heroica camino de Ponta do Sol
Terminando la primera jornada de caminata

Llegamos a Ponta do Sol y mitad en autostop mitad en transporte público acabamos encontrando un lugar para dormir en el valle de Xôxô. Le preguntamos al conductor si nos puede recomendar algún lugar con porche o lugar llano donde pasar la noche, y, como no puede ser de otra manera, acabamos acampando en el porche de una iglesia, con conexión eléctrica en el mismo porche y con acceso a los baños de la iglesia, que nos ofrece la vecina de enfrente. Según vamos levantando el campamento las nubes de la mañana se agarran a la ladera y lloverá hasta el amanecer: toda una carambola, pienso, cuando trabajo desde el porche con el portátil, mientras Bea duerme. -Casa con porche: menos es nada.

Valle de Xôxô, isla de Santo Antao, las vistas desde nuestro porche de iglesia donde acampamos
Valle de Xôxô

A la mañana siguiente el cielo está limpio y comenzamos la subida hasta el pueblo de Spongeiro, unos 1200 metros de desnivel positivo para abrir el apetito. Mientras nosotros salvamos este desnivel por gusto y con peso, muchos lo tienen que hacer a diario para trabajar en los campos aterrazados y cultivar patatas, boniato, maíz, plátanos, y distintas plantas leguminosas como guisantes y alubias con las que preparan el plato nacional: la cachupa, un delicioso festival del hidrato. Los campesinos que trabajan esta tierra labrada a fuerza de sacrificio y arrugas nos saludan al pasar por estas sendas de piedras y escalones, entre casas de barro sin conexión eléctrica, ni agua corriente y techos de paja. Qué diferente es este Cabo Verde, del Cabo Verde de Praia y San Vicente. Para continuar el día realizamos otra caminata popular de esta isla: la senda de Paúl, que recorre el trayecto entre Cova y Paúl, a través de una caldera volcánica completamente cultivada y un sendero de herradura, que culminamos comiéndonos una cachupa. Viendo que las posibilidades de encontrar transporte público para salir de Paúl eran limitadas volvemos a hacer autostop hasta la capital, Porto Novo. Dormimos en un albergue donde conocemos a Alberto, un viajero valenciano enamorado de este país.

En la ruta de Paúl
Santo Antao alberga vergeles y desiertos, todo ello en muy pocos kilómetros, lo que la convierte en un paraíso para el senderismo

Nuestra idea es intentar al día siguiente subir al techo de esta isla, el volcán de Topo da Coroa de 1979m. La logística no es sencilla. Tenemos que comenzar tomando una furgoneta desde la capital que nos deje en un desvío, del que nos separan unos 15km por pista polvorienta, en un paisaje híper árido, del pueblo de partida para la cumbre, Cha de Feijoal, un pueblo de cabreros para los que la palabra supervivencia debe de ser como los buenos días. El sol y la reflexión de la luz hacen que esta parte del trayecto sea un poco pesada. Únicamente cuatro cabras y alguna casa de piedra salpican la ladera del volcán. Estamos avisados de que la posibilidad de encontrar transporte en este trayecto es muy complicada, así que cargamos agua como mulas por si acaso. Cuando llevamos unos 8-10 kilómetros escuchamos el ruido de un todoterreno. -Me suena a Toyota 4×4. En un santiamén ya estamos compartiendo el trayecto hasta Cha de Feijoal con una pareja de caboverdianos que se encuentran conociendo esta parte de su país. En Cha de Feijoal acabamos cayendo en un proyecto comunitario, financiado por la cooperación de Luxemburgo, en el que ese mismo día reciben la visita de estudiantes de magisterio para hacerles ver que no todo el país es como su capital, y han preparado comida para todos. Mientras nos recomponemos de la sesión de caminar, ya tenemos un plato tremendo de comida y la certeza de que nos guardarán nuestro material durante el ascenso a cumbre, que lo haremos después de comer. El sendero va recorriendo cañadas de lava y barranqueras de piedra suelta entre una vegetación que se afana por sobrevivir en este lugar. Las vistas desde la cumbre del mar y del paisaje de conos volcánicos y colores rojizos es espectacular. Según bajamos de la cumbre, la temperatura va bajando también y todo hace pensar que el haber perdido el saco de dormir en Santo Tomé y Príncipe me hará pasar un poco de frío. Sin embargo, cuando compramos algo de comida y agua en la tienda del pueblo, el dueño se interesa por dónde vamos a dormir y al contestarle que en una tienda de campaña, nos dice que hará frío y nos presta un saco de dormir: bendito saco de dormir. Esa tarde visitamos otro proyecto financiado por cooperación exterior que permite la producción de queso de cabra, que curan en una cueva: un queso espectacular que nos servirá de desayuno para la marcha del día siguiente.

Rumbo a Cha de Feijoal y al volcán Topo da Caroa, el paisaje en esta parte de Santo Antao es completamente diferente al de la otra parte de la isla
Vegetación de altura rumbo al Topo da Caroa, el techo de la isla de Santo Antao
Topo da Caroa
Casas de pastores de Cha de Feijoal
Acampada en Cha de Feijoal
Atardecer fantástico desde la tienda de campaña

Madrugamos un poco porque tenemos unos cuántos kilómetros por delante. Desde Cha de Feijoal caminamos por sendas hasta Alto Mira y de allí a Cha do Morte, en total unos 30km de sendas sube y baja por paisajes espectaculares de campos de agricultura heroica y burros delgados. Así completaremos un par de días de caminatas por paisajes muy rurales, esos que tanto nos gustan.

La senda que une Cha de Feijoal con Alto Mira, una de las más espectaculares de la isla
Rumbo de Alto Mira
Paisaje volcánico de Santo Antao
Agricultura tradicional en Santo Antao, cavando en un terreno más seco que la mojama
Tramo de carretera en una parte de la ruta. Las carreteras de Santo Antao son de adoquines, legado portugués
Alto Mira, una de las poblaciones que visitar en Santo Antao
Llegando a Cha de Morte

De vuelta en Porto Novo, coincidimos de nuevo con Alberto y su guitarra, que toca cada noche en la plaza del pueblo, antes de regresar a San Vicente, la isla que ha puesto a Cabo Verde en el mapa musical internacional. Su capital, Mindelo, nos sirve para conocer la Baia das Gatas recorriendo los 10 kilómetros que la separan del pueblo de Calhau. Tanto a la ida como a la vuelta nos lleva el mismo vehículo de una caboverdiana que emigró a EEUU y que ha vuelto como turista a redescubrir con otra perspectiva su país. Nos despedimos de la isla de San Vicente, en la playa de Sao Pedro, la que podría ser la sala de espera del aeropuerto. Buceando entre tortugas marinas en la playa, creo que es la sala de espera más interesante que hemos conocido.

Arte urbano de Mindelo, capital de la isla de San Vicente, hecho a base de picar el cemento de la pared
Haciendo autostop en Calhau, isla de San Vicente, nos llevó la misma mujer a la ida y a la vuelta
Casas de pescadores en Bahía das Gatas
Playas desiertas de San Vicente, Bahía das Gatas

En apenas una hora estaremos en Praia, la capital de la isla de Santiago, la que será nuestra última isla de Cabo Verde. En el avión conocemos a una mujer muy simpática, que acaba siendo la dueña de los concesionarios Toyota en Cabo Verde, algo así como conocer a alguien más importante que el presidente del gobierno en un país africano. En su propio Toyota nos lleva a nuestro hotel y nos da su número por si tenemos cualquier percance en la isla, todo un detalle de elegancia. En Praia centramos nuestro tiempo en conocer Tarrafal, un bonito pueblo pesquero donde darse un chapuzón, la sierra de la Malagueta y también a subir el Pico d’Antonia, el techo de esta isla. Entre autostop y transporte público llegamos al último pueblo, Rui Vaz, desde donde se comienza la subida al Pico d’Antonia. Una vez más en este viaje, la anterior en Santo Tomé, acamparemos en un campo de fútbol, antes de acometer la subida a este pico rocoso y bastante vertical, de cuya cima real nos quedaremos a unos pocos metros, por el mal estado de la roca que llega a su cumbre. Desde el casi techo de Praia volveremos a la capital, donde sí que ahora sí nuestro viaje africano de 2024 toca a su fin. Cabo Verde ha sido todo un descubrimiento para  aquellos que gustamos de un destino variado de montaña y playa, con cierto sabor y color, y sin la necesidad de complicarse la vida con las incertidumbres de los países vecinos. Da gusto ver este milagro de la primavera en África del Oeste.

Playa de Tarrafal, isla de Santiago
Los transportes públicos de Cabo Verde habitualmente se realizan en las cajas de las Toyota Hilux, afortunadamente cubiertas para protegerse del sol, llamados «aluguer»
Playa de Tarrafal, desembarco del pescado, isla de Santiago
Pico d’Agostina, el techo de la isla de Santiago

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