Llegamos a Liberia desde Kenema en un corto trayecto en autoestop. La frontera de Bo nos resulta fácil y rápida de cruzar, lo que no nos es tan rápido es que el vehículo en el que vamos consiga pasar el puesto de policía ya en Liberia. Quieren una mordida bajo la excusa de que el vehículo no lleva extintor y el conductor se niega a pagar. – Es la ley, repiten los policías, bien gordos en un país donde la gordura es condicional al poder. Tras casi hora y media de espera viendo pasar vehículos cargados hasta las cejas, alguno de ellos arrastrando varas de acero corrugado de 10 metros colgadas del maletero y saltando chispas con el asfalto, el asunto del extintor de nuestro vehículo se soluciona con un apretón de manos (billete en mano). -Conduzcan con cuidado, llevan extranjeros, le dicen con una sonrisa.


En Monrovia, capital de Liberia, hemos quedado con Rhea, directora de sostenibilidad de Firestone Liberia, el gran fabricante de neumáticos, y cliente de alguno de nuestros estudios de sostenibilidad. Nos espera con su conductor privado y tras darnos una vuelta por Monrovia nos lleva al mejor restaurante del país, que se encuentra también en el mejor hotel del país, muro con muro con la Embajada Americana. Nuestras pintas al entrar levantan las miradas de muchos. Pero Rhea entiende muy bien el viaje que llevamos encima. Pedimos, según ella, el mejor sushi de toda la costa. -Estuvieron los gerentes de la compañía, que son japoneses y quedaron impresionados por la calidad de este sushi, nos cuenta con orgullo. Varias botellas de reservas de El Coto y Marqués de Riscal se ven en la nevera de vinos de la barra. Los dueños son libaneses. Los fenicios, 4,000 años después, siguen liderando estos negocios de ultramar. Tras una cena impresionante, Rhea nos indica que ha reservado la habitación del hotel de la plantación de caucho de Firestone para nosotros. -Quedaos el tiempo que queráis, las comidas están también incluidas. Acompañamos a Rhea a la plantación, el que es el mayor bosque cultivado continuo del mundo (más de 400.000 hectáreas). La plantación de caucho de Firestone tiene una historia muy particular, como así lo presenta el documental “Firestone y el Señor de la Guerra» (Firestone and the Warlord, que se puede ver en Youtube aquí), que muestra la relación de la que es la mayor empresa del país y el mayor señor de la guerra de esta zona de África, Charles Taylor, que instigó la guerra civil de Liberia y también de Sierra Leona hace tres décadas y que luego financiaría con los diamantes.
Este señor, Charles Taylor, tomó la plantación de caucho como su base de operaciones, bloqueando la producción de caucho para Firestone. La compañía tuvo que sobornarle para conseguir mantener sus operaciones en el país. Es decir, que contribuyó de alguna manera a la financiación de la guerra civil de estos dos países, para evitar que la plantación y su producción se arruinase. Rhea nos lleva a conocer la casa del director de la plantación, donde vivió Charles Taylor y donde ejecutó a docenas de personas. -Antes todavía se podían ver los huesos por alrededor, nos cuenta Rhea, -ahora como veis todo se lo está comiendo la vegetación selvática.
La plantación de Firestone Liberia parece un auténtico islote de los EEUU en África. En verdad, Liberia, como su propio nombre lo indica fue fundado por los esclavos «liberados» de EEUU. Su bandera se parece a la de los EEUU -en este caso con una sola estrella. Incluso hace poco Donald Trump le dijo al presidente de Liberia, que qué bien hablaba inglés, ignorante él de que este país es un apéndice del suyo. El caso es que los esclavos liberados fueron soltados en un territorio sin fronteras claras y con abundante malaria. Allí estos nuevos pobladores, con ideas nuevas importadas de los Estados del sur de EEUU, chocaron con la cultura de los pobladores originarios y así se formó una élite formada por los esclavos liberados. El clásico ejemplo de castigado convertido en castigador. Liberia se fundó en 1847, antes que ningún otro país africano y mantuvieron su autonomía incluso durante la época del colonialismo europeo.
Por esta relación histórica entre EEUU y Liberia, Firestone consiguió la concesión para su enorme plantación en este pequeño país africano, que construiría a imagen y semejanza de una gran plantación en los EEUU. Así pues, la plantación tiene varios pueblos en su interior, donde viven los obreros que se encargar de recolectar el caucho de los árboles y transportarlo en bidones a hombros hasta unos puntos de recogida en la carretera. Dentro de la plantación hay carreteras marcadas de color amarillo igual que los EEUU, escuelas, colegios y tiendas. El campo de golf donde juegan los trabajadores con mayor rango es sinceramente impresionante, y se puede ver en el mismo documental que mencionaba antes, donde los guerrilleros de Taylor corrían por él para tomar la plantación. El hotel de la plantación parece ambientado en una película de Hollywood de los 80 y pasamos buenos ratos jugando a ping-pong y al billar con otros trabajadores.







Habiendo recuperado fuerzas y energías en Liberia, solo nos toca retroceder hasta Freetown, en Sierra Leona, desde donde días después tomaremos el vuelo de vuelta hasta casa. Este viaje ha resultado una auténtica aventura y un aprendizaje intenso a través de las poblaciones que hacen posible la producción de muchas de las materias primas y minerales que mueven nuestro mundo. La próxima etapa será, cuando recuperemos fuerzas, en Costa de Marfil. Continuará.










